Prostitutas cooperativistas

Prostitutas cooperativistas

Las trabajadoras sexuales del Raval se autogestionan y exigen al Ayuntamiento una sede en la calle Robadors

Una de las protestas de prostitutas en el Raval, Barcelona

Una de las protestas de prostitutas en el Raval / CONSUELO BAUTISTA

Las prostitutas del barrio barcelonés del Raval han permanecido calladas durante los 100 primeros días del Gobierno de Colau al frente del Consistorio barcelonés. Ahora, rompen su silencio y reclaman a BComú que cumpla sus promesas electorales, anuncian la formación de una cooperativa y solicitan la cesión de un espacio municipal donde desarrollar su trabajo.

La Asamblea de Activistas Pro-Derechos sobre el Trabajo Sexual de Cataluña se gestó a finales del pasado mes de marzo y se convirtió en la primera gran organización de España que representaba al colectivo de prostitutas. Entonces, la CUP cedió la confección de las propuestas políticas relacionadas con el trabajo sexual al recién creado grupo de presión. BComú anunció que trabajaría mano a mano con el colectivo, pero ningún otro partido político apoyó a las prostitutas activistas.

Entre las asociaciones que componen la asamblea de trabajadoras del sexo se encuentra Putas Indignadas, un colectivo integrado por las mujeres que ofrecen sus servicios en las calles del Raval. El grupo estuvo en el punto de mira del Gobierno Trias que el pasado 19 de marzo llegó a tapiar la casa del el número 25 de la calle Robadors, lugar donde ejercían muchas de ellas.

Robadors 25

Putas Indignadas anuncia ahora la creación de una cooperativa de trabajadoras del sexo y exige que la sede social sea el edificio que permanece tapiado. “Queremos que el Consistorio nos ceda el número 25 de la calle Robadors, allí montaremos una cafetería en la planta baja, habitaciones para trabajar y una especie de hotel donde atender a víctimas de la trata”, comenta Jeanette, una de las portavoces de la asociación.

Jannette recuerda que cuando el Gobierno de Trias tapió el edificio “Robadors 25 era la cara visible contra los mafiosos y los chulos; ahora la situación es mucho peor”. La portavoz quiere que las propias prostitutas vuelvan a controlar la calle y “Ada Colau nos tiene que ayudar”.

El plan es claro: “Las prostitutas tenemos que autogestionarnos, exigir el local que merecemos, un lugar donde las mujeres que sean explotadas puedan recurrir, las que quieran abandonar la prostitución lo puedan hacer y las que estén en situación irregular puedan ser ayudadas”. La asociación asegura que las condiciones de trabajo deben ser dignas “BComú nos tiene que atender porque lo prometió, y si no lo hace, lanzaremos un pulso al Ayuntamiento”. Jannette asegura que la próxima semana se reunirán con la regidora Gala Pin y le exigirán el local.

Paula Ezquerra, una de las prostitutas del Raval, ha dado el salto a la política. Estuvo en las listas electorales de la CUP en la ciudad de Barcelona y ahora es consejera de la formación en Ciutat Vella. “La prostitución no es un trabajo maravilloso, nadie sueña con dedicarse a ello, pero en esta sociedad ningún trabajo es magnífico”, así de tajante se muestra Ezquerra. La trabajadora sexual recuerda que gracias a estos años de lucha: “Hemos instaurado unas bases y Barcelona será ejemplo de un modelo de trabajo sexual basado en el feminismo y el anticapitalismo”.

Congreso en diciembre

El colectivo Genera, la asociación de profesionales del sexo (Aprosex) y Putas Indignadas, entre otras organizaciones, han programado para el próximo 16 y 17 de diciembre las Jornadas Feministas Alianzas y Trabajo Sexual. Por primera vez en Barcelona prostitutas de diferentes países coincidirán en un mismo espacio para debatir sobre el estado de su profesión y establecer un modelo feminista de la prostitución.

Ezquerra también pertenece a la asociación Paraguas Rojo, “el gobierno de las trabajadoras sexuales a nivel internacional”, y anuncia que está preparando para el próximo diciembre un encuentro europeo de prostitutas en Barcelona. “Marcaremos un nuevo modelo de trabajo sexual hermanado con los movimientos feministas no abolicionistas. El Ayuntamiento tendrá que mover ficha antes de diciembre y cedernos un espacio público, Colau prometió tenernos en cuenta y la paciencia se nos acaba».

Desde BComú aseguran que el “eje de género está trabajando para afrontar el tema y ya se ha consultado a diferentes organizaciones como Putas Indignadas”. Desde el Ayuntamiento aseguran que el caso de las prostitutas del Raval se sigue estudiando.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/10/13/catalunya/1444761314_402214.html

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‘Ley Mordaza’: hablan las primeras prostitutas multadas

Las trabajadoras sexuales del polígono madrileño de Marconi critican la «oleada de sanciones» que han sufrido desde la entrada en vigor de la norma

Carmina, una trabajadora sexual, cuenta su experiencia / L. M. RIVAS / P. CASADO / J. GUZMÁN

“En una noche un solo agente nos multó a 30 compañeras basándose en la Ley Mordaza”, afirma Carmina, una prostituta de 35 años. “El policía me dijo que tenía que volver a la comisaría con 50 actas levantadas”, sostiene la mujer, que trabaja habitualmente en el polígono de Marconi, en el distrito madrileño de Villaverde: “Cuando llegó nos dijo que ya tenía 27, y allí nos multó a tres más”.

La mujer se abanica, un poco tensa. Afirma que le gustaría poder hablar sin un nombre inventado y mostrando su rostro, pero afirma que tiene miedo: “Hasta ahora había presión, aunque no habíamos recibido multas hasta la aplicación de la Ley Mordaza”, explica Carmina. Esta mujer ejerce la prostitución para mantener a su madre y a sus sobrinos. En el acta figura que está denunciada por una falta de obstrucción de la vía pública, aunque ella defiende que estaba en un solar, y que el agente la sacó a la calzada para pedirle la documentación. Este documento no señala cuál será la cantidad que la Delegación del Gobierno demandará a Carmina. Según la Ley de Seguridad Ciudadana, la falta está penada con entre 100 y 600 euros.

La prostituta critica que fue tratada con vejaciones por parte de un agente de la Brigada de Extranjería: “A una compañera llegó a decirle literalmente que si esto no le gustaba se fuera a su puto país”. Un portavoz de la Jefatura Superior de Policía de Madrid indica que no les consta que haya un repunte de multas, aunque no se puede verificar hasta la publicación del informe de faltas la Delegación del Gobierno que, según el agente, tardará unos meses. También señala que si las mujeres han recibido vejaciones deberían denunciarlo en comisaría.

Actas de denuncia a dos prostitutas, puestas en la noche de este martes en el polígono de Marconi, en Madrid

“Estas multas empeoran sus condiciones de vida. Tienen que buscar otro sitio, se alejan más de la ciudad y es mucho más peligroso para ellas”, afirma Silvia García, de 36 años, trabajadora social delColectivo Hetaira. Esta asociación da apoyo a estas mujeres en los problemas cotidianos en el ejercicio de su trabajo como dar asesoría jurídica o mediar conflictos con comerciantes y vecinos. La meta de este colectivo es que ellas se organicen por sí mismas. “La Ley de Seguridad Ciudadana está regulando la prostitución de manera soslayada mediante la criminalización”, critica la trabajadora social.

“No somos víctimas. Somos, hablando coloquialmente, putas libres”, afirma Lucía —también es un nombre ficticio— de 40 años. Esta prostituta asegura que en el polígono de Marconi el 90% de las trabajadoras sexuales no están controladas por ninguna mafia y trabajan por voluntad propia. “Trata y prostitución no es lo mismo. El que equipara ambas cosas consigue invisibilizarnos”, añade Lucía, que es puntualizada por su compañera Sonia, de 34 años: “Nosotras pertenecemos al oficio más antiguo del mundo, que es la prostitución, no la trata de personas”.

No somos víctimas. Somos, hablando coloquialmente, putas libres”

Lucía, prostituta

Las prostitutas libres de Marconi reclaman la legalización del trabajo sexual y la eliminación de los estigmas que pesan sobre sus vidas cotidianas. “La situación de ahora nos permite tener el negocio pero no que tengas clientes. Nos hemos visto severamente afectadas por nuestras multas y las de nuestros clientes”, protesta Lucía. Estas mujeres demandan un lugar donde puedan trabajar sin molestar a nadie y en el que no sean molestadas. “Los clientes suelen ser muy respetuosos con nosotras, si hay algún malcriado nos negamos a ir con él, somos libres. Pero esta nueva situación nos da miedo. Solo queremos la normalización de la profesión para tener derechos. Somos trabajadoras del sexo”, sentencia Lucía.

http://politica.elpais.com/politica/2015/07/31/actualidad/1438363097_572665.html

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¡Siempre puta!

¡Siempre puta!

Dicen que es el oficio más antiguo del mundo. En España no es difícil encontrar un club de alterne recorriendo alguna carretera. Tampoco lo es encontrar a mujeres casi desnudas esperando la llegada de un cliente en algunas zonas urbanas. La prostitución es un negocio que mueve millones en negro, vive a espaldas de la ley, en ocasiones explota a seres humanos, aunque también es ejercido de forma potestativa. La cantidad de tabúes que envuelven el ejercicio de la prostitución es enorme. Las preguntas sobre este oficio brotan por sí mismas, reforzadas por el profundo desconocimiento que hay sobre él. Para formar una opinión con perspectiva es necesario conocer algunos datos sobre la prostitución, y el testimonio de quienes ejercen este oficio.

En España hay casi 24 millones de mujeres, se calcula que unas 400.000 ejercen la prostitución. Cerca de un 90% lo hacen a la fuerza, víctimas de redes de explotación sexual. Hay organizaciones que ponen en duda la veracidad del dato. Comisiones Obreras, en el libro “Derechos de Ciudadanía para Trabajadoras y Trabajadores del sexo” asegura que, en realidad, son unas 20.000 las personas que se prostituyen. La Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) asegura que la trata de blancas es más rentable que el tráfico de armas. Según la guía sobre la trata de personas con fines de explotación sexual de 2011, editada por el Ministerio de Sanidad, y presentada por la Asociación para la Reinserción de Mujeres Prostituidas (APRAMP), España encabeza el consumo de prostitución de la Unión Europea. Un 39% de hombres españoles ha pagado alguna vez a cambio de sexo. En el año 2008, la Guardia Civil contabilizó 936 clubes en los que se ejerce la prostitución. La Agencia Tributaria aportó datos en 2005 según los cuales se calculaba una recaudación de 1.124 millones de euros si se legalizase la prostitución. Según un reciente estudio de Feminicidio.net basado en informaciones publicadas en prensa, cerca de 20 prostitutas han sido asesinadas en los últimos tres años. Debido a la fecha de publicación, ese estudio no incluye a las dos mujeres asesinadas por el falso monje shaolín, hace pocos días.

En 2010 pude conversar unos minutos con Eva, una mujer ghanesa que ejercía la prostitución forzada. Se abalanzó sobre el coche para conseguir unos euros con los que saldar la deuda contraída con quienes la trajeron hasta España engañada. Es un patrón que se repite en la mayoría de casos de trata de blancas. Las mafias estafan a mujeres prometiéndoles un falso trabajo y, una vez en España son obligadas a prostituirse. Sin embargo, es muy poco lo que conocemos sobre el ejercicio libre de la prostitución. A pesar de los clichés, los tabúes, el desconocimiento, y los interrogantes ético-morales que se levantan al hablar de la prostitución, hay quienes la elijen de forma libre como forma de ganarse la vida. Contacto con Paula, una barcelonesa que se prostituye por decisión propia. Tarda unos pocos minutos en contestar a mí propuesta, aceptando la entrevista. Lo primero que le pregunto es el motivo que le llevó convertirse en una trabajadora sexual. Por el mismo motivo que llegamos todas las personas que la ejercemos: una necesidad económica perentoria –contesta. No creo que nadie se plantee ejercer este trabajo como opción objetiva, como vocación. Su respuesta es concisa, y directa. Sin embargo, me plantea una duda que no compartiré con ella a lo largo de la entrevista. Si es la necesidad urgente de dinero la que instiga a las personas a prostituirse, ¿podemos hablar en algún caso de prostitución potestativa?

-Tu oficio no tiene buena popularidad y, seguramente, no será sencillo de desarrollar.

Ningún trabajo es fácil de llevar a cabo. La prostitución no es una excepción y, además, conlleva el valor negativo de no poder aprenderlo en ningún sitio. No hay escuelas de putas, no se imparten cursos de formación que te cuenten cómo debes llevar a cabo tu labor en el día a día. Esa es, también, una de las causas por las que no tiene buena popularidad. La exclusión social, el estigma que te persigue lo hacen anti social. Pero si te gusta el sexo y no tienes tabúes; si eres capaz de jugar a practicar sexo con completos desconocidos, este trabajo te aporta un punto humano enorme. Lo de menos es el sexo por el sexo. Lo demás, el afecto que das y recibes.

Antes de plantearte ejercer la prostitución ¿te planteaste otras alternativas?, ¿es el último recurso?

Quien dice, en el presente, en el pasado o en el futuro, que la prostitución es la última alternativa, ha mentido, miente y mentirá. (La negación de la prostitución ejercida por las putas es fruto del estigma –afirma) Siempre hay otras salidas. En mi caso tengo familia y amigos que me hubieran prestado el dinero suficiente para salir adelante sin ningún problema. Pero no quise recurrir a ellos. Ni a nadie. Era perfectamente capaz de llevar a cabo la salida de mi propia crisis, sin más ayuda que la de mi voluntad. He sabido sacarle provecho a un negocio que debería haberme avergonzado y humillado y que, en lugar de ello, me ha empoderado como mujer y me ha hecho mejor ser humano.

-Durante un tiempo tu presencia en medios de comunicación fue desde el anonimato, a cara cubierta. ¿Qué te hizo salir del armario y mostrarte sin tapujos?

Como trabajadora sexual veía absolutamente necesario llegar a la opinión pública hablando de normalización. Pero ¿cómo podía hablar de ella, si lo hacía a escondidas? Hablé primero con mi hijo, y luego con el resto de mi familia. Y fue el principio de mi liberación como mujer prostituta. No puedes hablar de normalidad tras el anonimato. Es absurdo. Mi libertad desde ese momento es enorme. Y la aceptación social hasta ahora, del cien por cien.

¿Acarrea problemas familiares/de pareja ejercer la prostitución de forma voluntaria y pública?

Los problemas de ejercer la prostitución no difieren de los de ser maestro o policía, por decir un par de profesiones al azar. El enfoque es lo más importante. Es decir, si lo planteas desde el victimismo, tu entorno te percibirá como una víctima a la que hay que salvar de un destino tan deplorable. Si te ven convencida de lo que haces, si te perciben feliz, si logras hacerles entender que tu trabajo nada tiene que ver con la dignidad o con la falta de ella, sino que es una opción, todos a tu alrededor perciben la prostitución como algo beneficioso para ti y para la sociedad.

Como no podemos hacer la entrevista cara a cara, la hacemos a través de internet. Le envío las preguntas en un correo que contesta con las respuestas. El modelo de entrevista no da margen para rebatir o repreguntar. Cuando le pregunto cómo es ser prostituta, responde con una evasiva: no comprendo la pregunta… ¿Cómo es ser periodista? ¿Cómo es ser ginecóloga? Basta leer entrelíneas para saber su intención: dejar claro que la prostitución es como cualquier otro oficio.

¿Cuál es el principal problema al que se enfrenta una mujer que ejerce la prostitución?

La cruel y despiadada sociedad y sus prejuicios. La falsa moralina y el estigma. Cuando te liberas de ellos y decides por ti misma si quieres o no seguir en la prostitución es cuando aprendes a amar tú trabajo, sin tapujos y sin auto-engaños.

¿Cuáles son las ventajas y los inconvenientes de la prostitución?

De nuevo la pregunta es tan genérica que es imposible de responder. Un periodista te dirá que lo peor de su trabajo es soportar la presión del no saber dónde estará ese mismo día, por la tarde. Tal vez en Turquía o en Irán. Otro, por el contrario, responderá que justamente ese punto de la profesión es lo que más le gusta. Todo trabajo tiene sus pros y contras.

Según algunas estadísticas, un 90% de las prostitutas son víctimas de mafias que las explotan sexualmente. ¿Cuál podría ser la solución para terminar con la prostitución forzada?

Esa cifra con tan mala saña, que se hizo pública a través del fallecido Ministerio de Igualdad a cuyo frente estaba la miembraBibiana Aído, ya fue rebatida por el propio Parlamente Europeo que le dio un buen rapapolvo público a la abolicionista ex ministra. Las cifras que se manejan son bien distintas -una de cada 7 mujeres-. Pero las activistas tampoco estamos de acuerdo. No hay cifras reales. No hay suficientes datos para realizar estadísticas y de todos modos, no hablamos de números ni de manzanas, si no de seres humanos. La solución para terminar con las mafias que tratan con seres humanos, no sólo con fines de explotación sexual, sino también en el sector de la industria, o la agricultura por ejemplo, sólo está en manos de los políticos, por esa razón no se termina con ellas.

El movimiento feminista parece bifurcarse respecto al tema de la prostitución. Por un lado están las personas partidarias de la legalización para favorecer a quienes quieran ejercerla y como posible solución para quienes son explotadas; por otro, hay quienes creen que no se debería negociar con el sexo, y están en contra de la legalización.

En este caso ya no hablamos de feministas o no. Hablamos de pro-derechos para  las prostitutas y de abolicionistas. Ellas, las abolicionistas, nos niegan la palabra en convenciones, reuniones, charlas, etc… Reciben millones en subvenciones para atacar a otras mujeres. Ellas no son feministas. Nunca una mujer que se declare feminista, luchará en contra de los derechos políticos, sociales y laborales de todo un colectivo laboral formado principalmente por mujeres.

¿Qué opinas de las dos posturas? ¿Se debería legalizar el ejercicio libre de la prostitución?

Absolutamente, sí. Resulta incomprensible que, en pleno siglo XXI, las putas carezcan de Seguridad Social si trabajan para terceros. Vergonzoso debería resultarles a políticos y a abolicionistas que nuestros hijos y/o parejas puedan ser acusados de proxenetismo sólo por el simple hecho de convivir con nosotras y vivir de nuestros ingresos. Jamás se puede estar de acuerdo con el movimiento abolicionista si uno se considera mínimamente defensor de los Derechos Humanos.

¿Has sentido rechazo por ejercer la prostitución?

He sentido admiración y muchísima curiosidad. Ganas de saber por parte de la sociedad, que también está harta de que los medios les mientan y que los políticos nos obvien. De que las feminazis nos ninguneen y de que nadie luche por nuestros derechos en las altas instancias políticas.

Según un informe de Feminicidio.net, en los últimos años cerca de 20 mujeres que ejercían la prostitución han sido asesinadas. ¿Es la violencia un riesgo constante en tu trabajo? ¿Has vivido situaciones de violencia?

Con todos mis respetos hacia ese página de abolicionistas, ¿puedes decirme cuántas mujeres no putas han muerto sólo este año 2013 a manos de sus parejas, novios, esposos, maridos, padres, hermanos…

Junto al cuestionario, envío una serie de dudas para la publicación, como el nombre que debemos utilizar: Paula Vip es mi nombre artístico y por el que podrás encontrar más información sobre mí y mis andanzas. Pero Paula VIP no se avergüenza ni esconde.  El pasado 11 de mayo de 2012, fundó la Asociación de Profesionales del Sexo junto a otras compañeras.  Tanto en Aprosex (www.aprosex.org), como en otras entrevistas Paula utiliza su nombre real. Dar la cara, también implica exponerte al público con todas sus consecuencias –asegura. ¿Y cómo me refiero a ti? ¿Qué te consideras? Su respuesta, clara y concisa, no deja lugar a dudas. Paula lo tiene claro, ella es ¡Puta, siempre puta!

*Los datos están extraídos de diferentes noticias publicadas en prensa nacional, de informes y estudios mencionados en el artículo, y de la Asociación para la Reinserción de Mujeres Prostituidas (APRAMP)

http://hctrbloguero.blogspot.com.es/2013/06/siempre-puta-paulavip-prostitucion-espana-feminismo.html?m=1

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5 Razones por las cuales el trabajo sexual debe ser regulado

RedTraSex. Latinoamérica y el Caribe

El trabajo sexual es un trabajo y, como tal, debe ser regulado

El 2 de junio conmemoramos el Día Internacional de la Trabajadora Sexual. En ese marco, las trabajadoras sexuales de Latinoamérica y el Caribe reclamamos el respeto a nuestros derechos humanos y la regulación del trabajo sexual como una manera de reconocimiento y garantía a nuestros derechos laborales.
En este vídeo, las protagonistas de este reclamo exponemos las razones por las cuales el trabajo sexual debe ser regulado.

 

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¿Se trata de la Trata, de la prostitución, de las dos o de ninguna?

«El problema no es que algunas mujeres tengan que vender los servicios de su vagina y unos minutos de ficción pasional para ganar dinero, el problema es que tenemos que siempre vender algo para poder sobrevivir».

Magui Lopez

Foto: notiese.org.

Enseñamos a lxs niñxs a jugar a las “7 diferencias” cuando son pequeñxs. Les solicitamos que aprendan a distinguir una cosa de la otra, por sus grandes, medianas o pequeñas características distintas. Sin embargo, de adultos, usamos la estrategia contraria como forma de debate público. Mezclamos todo, intentando pasar todo como lo mismo. Algo así sucede en las campañas mediáticas que superponen, equiparan y confunden Trabajo Sexual (prostitución, prestación de servicios sexuales, intercambio de sexo por dinero, putas de profesión, etc.) con Trata (que en realidad sería Trata de Mujeres con fines de explotación sexual, porque la trata es un fenómeno amplísimo del cual esta específica es una parte).

Las “putas” incomodan. Parece que no “se dieron cuenta” que lo que hacen está mal, tanto para los centros de opinión de izquierda como de derecha, los religiosos como los ateos. Son las “putas” el problema, escucha una en debate televisivos, no el sistema patriarcal y el capitalismo, sino ellas; o porque no quieren “cerrar las piernas”, o porque atentan contra la moral cristiana, o porque son “funcionales a la trata” (a pesar que muchas de las trabajadoras sexuales organizadas han planteado sólidas razones para considerar que ellas mismas pueden ser denunciantes de caso de trata porque quién mejor que ellas para saber dónde y desde cuándo hay mujeres esclavizadas sexualmente en el ambiente).

En este purismo errático en el que nos enredamos, olvidamos que el problema no es que algunas mujeres tengan que vender los servicios de su vagina y unos minutos de ficción pasional para ganar dinero, el problema es que tenemos que siempre vender algo para poder sobrevivir.

Porque el problema es que un grupo de gente se debate entre trabajos que incluyen 1) alienantes 9 horas de oficina y 2 horas yendo y viniendo de allí, 2) gente a la que propiciar cuidados, porque las mujeres, por familia o por salario, tenemos que hacernos cargo de niñas y niños, ancianas y ancianos, enfermas/os y postrados y cuidarlas/os, alimentarlas/os y darles todo lo que el ser humano necesita para vivir (que también incluye afecto, palabras y gestos de demostración de amor, etc.), 3) casas o edificios que limpiar; 4) hospitales que desinfectar. Porque el porcentaje de gente que puede elegir entre hacer ocio el 60% del día y luego un 40% de lo que le gusta es muy escasa y del que puede elegir vivir de lo que más disfruta hacer, o viajar en vez de trabajar es incluso radicalmente menor.

Porque a nadie le pone nervioso que en algunos locales o restaurantes las mujeres deban atender en culo, o con escotes enormes, o vestidas de conejitas hot. NO, eso no ataca nuestro errático y raro moralismo progre de izquierda.

Las “putas” lo hacen. Porque necesitamos encontrar un chivo expiatorio que duela menos que aceptar que todo el sistema capitalista se ensaña con las mujeres, porque ganamos menos, porque trabajamos de peores cosas, porque tenemos más responsabilidades laboral, porque nos acosan en el trabajo, porque tenemos menos acceso a trabajo que los hombres porque “podemos quedar embarazadas”.

Es mejor culpar a aquellas que encontraron su forma de ganar dinero haciendo algo que eligen por sobre cosas que no eligen (sí, puristas morales, entendamos que eligen eso por sobre otras cosas que prefieren no hacer, porque son personas adultas seleccionando opciones en una lista de opciones escasas). Necesitamos pensarlas malas y caga hogares (en el peor de los casos) o aniñadas e idiotas o simplemente “víctimas de la trata”.

No, las mujeres que venden servicios sexuales no son víctimas de la trata. Las víctimas de trata no venden sexo, son esclavizadas. No son trabajadoras sexuales, son esclavas. Las trabajadoras sexuales (con todas las restricciones que este sistema económico implica) eligen hacer eso que hacen por sobre otras variables.

Y si se entendiese la diferencia y se viese a las primeras como mujeres libres (dentro de las posibilidades que este sistema nos da), se podría incluso pensar en alianzas estratégicas para que ellas mismas señalen a los culpables de la trata de mujeres con fines de explotación sexual (que por favor, dejen de ser tan ingenuas/os, los culpables están cómodamente acomodados en despachos en los que estas mujeres limpiarían si no fuesen “putas”). El Estado lleva multimillonarias y generalmente inútiles políticas anti-trata que vulneran más a las no-tratadas y no soluciona la situación de esclavitud a la que son sometidas las sí-tratadas. Muchos brazos de ese mismo Estado están involucrados en que la trata siga existiendo. No son las trabajadoras sexuales las culpables.

Hace poco me preguntaron si yo estaba de acuerdo con el trabajo sexual como algo empoderante. Dije que NO, que no creo que el trabajo en este sistema de explotación empodere (ninguno de ellos) y en el caso del trabajo sexual, que en su amplia mayoría es prestado por mujeres a hombres, tampoco (porque queda atravesado por la dominación capitalista y patriarcal, como otros trabajos). Dije que me preocupa que hay parámetros de belleza y de clase que divide al trabajo sexual (todxs sabemos de la división entre “las putas vip” o “putas escort” –más “bellas”, con mayor “nivel”- y las “putas de la calle o del bulo” –más “guarras”, “menos cultas”, más “grotescas”). Así como también me preocupa la división dentro de una empresa entre hombres y mujeres sólo por el género, como me preocupa que las mujeres más “bellas” encuentren más trabajo que otras menos “agraciadas” sólo por portar una estética preferencial en este sistema bellocrático, como me preocupa la peor paga a la mujer, como me preocupa que sea sometida a situaciones incómodas de parte de sus pares masculinos, como me preocupa que la mujer haga los trabajos de cuidado reproductivo hogareño (o extrahogareño) y sea casi la monopólica dadora de afecto.

Dónde las “putas” ponen su vagina o qué ponen dentro de ella, no es algo que me resulte de interés. Seguramente en otro sistema, ellas no tendrían que hacer eso por dinero para vivir, como yo no tendría que estar 9 horas delante de una computadora, el editor de este diario no tendría que estar corrigiendo artículos todo el tiempo, etc., etc., etc.

Aunque no sabemos cómo sería en otro estado de cosas, sabemos cómo es en este. Y en este, la insistencia purista religiosa-encubierta de confundir trata con trabajo sexual (o prostitución o prestación de servicios sexuales o como quieran llamar) es funcional a que nada cambie. Asimismo, insistir en que si negamos la realidad no existe, hace que mujeres que trabajan cotidianamente en esto se vean expuestas a más violencia, más estigma y más discriminación tanto de las instituciones públicas, como de las mal llamadas “fuerzas del orden”, como de otros hombres que fungen de proxenetas, como de la misma sociedad (no es extraño enterarse que una mujer trans trabajadora sexual fue agredida o que una mujer trabajadora sexual fue echada a patadas de un lugar al grito de “puta de mierda”).

Dejamos para otro día el desarrollo de la categoría puta, que me parece que amerita un tratamiento especial. Quizás, por hoy, tendríamos que empezar solo por entender que esas mujeres tienen derechos, porque existen y son humanas. Que por más que neguemos la realidad, eso no la hace desaparecer (como negar el aborto y dejar que sigan muriendo mujeres, preferentemente pobres… negar el paco y dejar que los pibes de la villa se sigan destruyendo con eso… negar a las “putas” y dejar que la policía abuse de ellas o que no tengan un servicio de salud acorde a sus necesidades o no tengan seguros de retiro).

Sí, es incómodo pensar en esto. Capaz podríamos volver a los ejercicios de la infancia y pensar en las 7 diferencias. Antes solía ser divertido, quizás ahora es incómodo, pero pedagógico.

 

*Integrante del Grupo de Estudios Sociales sobre Paraguay de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

http://ea.com.py/v2/blogs/se-trata-de-la-trata-de-la-prostitucion-de-las-dos-o-de-ninguna/

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Una prostituta planta cara a la severa ley anti-prostitución de Irlanda del Norte

La psicóloga y trabajadora sexual Laura Lee

Laura Lee.

  • Anuncia que llevará el tema al Tribunal de Estrasburgo

  • Dice que discrimina a aquellas que deciden ejercer el oficio

Laura Lee, prostituta y psicóloga, ha decidido plantar cara a la severa ley anti-prostitución de Irlanda del Norte, que tipificará como delito el pago de dinero a cambio de favores sexuales. Según Lee, nacida en Dublín hace 37 años, residente en Escocia y afincada a tiempo parcial en Belfast, la nueva ley de «tráfico humano» supone una discriminación contra las mujeres que deciden ejercer por su cuenta el oficio más viejo del mundo.

«En 2014 no hubo una sola detención en Irlanda del Norte que permita vincular la prostitución con el tráfico humano», alega Lee en declaraciones a ‘The Guardian’. «La mayoría de las trabajadoras sexuales son independientes y y el 70% son madres solteras intentando salir adelante en tiempos difíciles. Nadie tiene el derecho a retirarles esa opción».

Maurice Morrow, el diputado del Partido Democrático Unionista (DUP) que impulsa la ley, asegura que tiene de su lado al 80% de la población en el Ulster, favorable a la «criminalización de la prostitución». Tras la aprobación parlamentaria, y con el respaldo mayoritario de grupos religiosos y feministas, está previsto que la ley entre en vigor en junio.

El debate se ha extendido al sur de la frontera, y Dublín está preparando ya su propia ley anti-prostitución, con el impulso de asociaciones católicas. En Irlanda del Norte, el apoyo del grupo feminista Women Aids Federation ha sido vital para poder aprobar la ley, que cuenta con la oposición del sindicato de la prostitutas irlandés, la Sex Working Alliance.

‘La vieja mentalidad’

«La ley no tiene nada que ver con el tráfico humano, sino con la vieja mentalidad de que pagar por el sexo es algo aberrante», sostiene la psicóloga y prostituta Laura Lee. «El Estado no tiene derecho a interferir en lo que hagan dos adultos libremente a puerta cerrada, exista o no intercambio de dinero».

Lee intentará bloquear la ley en los tribunales locales y en la Cámara de los Lores, pero su objetivo es llevarlo hasta el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo: «Hay tres artículos en concreto que interfieren en el derecho a la privacidad, en el trato degradante y la seguridad de las propias trabajadoras sexuales, que se puede ver seriamente agravada si la actividad se hace ilegal».

El ministro de Justicia de Irlanda del Norte, David Ford, ha puesto en entredicho la efectividad de la ley y ha advertido que la policía va a tener dificultades para «acumular pruebas» y llevar a los tribunales a los hombres que decidan pagar por favores sexuales: «Un número de teléfono en el móvil puede no ser una prueba suficiente para los jueces».

@cfresneda1

http://www.elmundo.es/internacional/2015/03/23/55100a22ca474185038b4570.html

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Llevó su cámara fotográfica a un pueblo en el que la prostitución es una forma de vida.

Por Bárbara Samaniego

¿Qué pasa cuando la economía de un pueblo depende de la prostitución?

El escritor Souvid Datta pasó nueve días buscando la respuesta a esta interrogante. Y la encontró, de forma grotesca y vívida, en las calles de Sonagachi.

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Sonagachi es una zona situada en el norte de Calcuta, India. Callejones estrechos encerrados por los edificios, burdeles de situaciones muy precarias y mercados atiborrados de diferentes olores y colores, forman en conjunto un colorido y confuso laberinto. Este es el hogar del segundo barrio rojo más grande de Asia. El barrio está conformado por una extensa red ilegal de bandas organizadas, traficantes y víctimas: un lugar donde los periodistas y los forasteros se ven amenazados por la violencia. Los políticos y la policía son sobornados o simplemente cómplices, y se estima que 12.000 mujeres menores de 18 años son prostituidas, y violadas todos los días por apenas 1 dólar.

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Lalka, de 25 años, en su habitación con un cliente en Sonagachi (hemos cambiado su nombre verdadero). Después de haber sido objeto de trata a la edad de 16, y sufrir los violentos ataques de sus clientes, Lalka decidió contraer matrimonio con el abusivo líder de una pandilla local que trabajaba en su burdel. Todavía están juntos, aunque ella está buscando desesperadamente una salida segura de la relación.

Durante los últimos 30 años, el barrio rojo ha crecido a la sombra de toda legislación y se ha ido deteriorando poco a poco. Iniciativas estatales y privadas no han logrado hacer frente a los grupos de delincuentes y criminales que controlan a la autoridad y administran los recursos del territorio. La creciente estigmatización cultural de los implicados ha creado el desinterés y ha fomentado la explotación. Hoy en día, las víctimas más jóvenes de la trata proceden de lugares lejanos.

En Sonagachi, la ciudad se mueve con una viciosa mentalidad de hipocresía, crimen e ignorancia. La prostitución es una palabra que no se usa en público: todos se benefician de ella, sin embargo, nadie quiere involucrarse ni involucrar a los medios de comunicación, que parecen ser ciegos frente al problema. En el extranjero, sigue siendo en gran parte algo desconocido.

El primer paso es desafiar la ignorancia. Transmitir la realidad de la situación en esta región puede inspirar conciencia constructiva y empatía.

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Radhika, de 17 años, y sus amigas, miran hacia fuera por la ventana cercada del burdel y se preparan para los clientes de la tarde. Mientras que muchas en la zona han “ganado” la confianza de sus jefes para trabajar de forma independiente, a las mujeres recién adquiridas para la trata las mantienen en constante vigilancia, obligadas a permanecer dentro de los que parecen celdas de cárcel y soportar pésimas condiciones.

“Este año pude permanecer en Sonagachi durante 9 días. Pasé tiempo con mujeres que fueron prostituidas con tan sólo 14 años y que habían sido secuestradas en su camino a la escuela en los estados fronterizos. Su capacidad de resiliencia, su gracia y su actitud me asombraron; pero por la noche, dentro de las oscuras celdas de los burdeles, oía sus llantos durante horas. Afuera de los burdeles, los funcionarios de la policía se relacionaban con los líderes de las pandillas, quienes les ofrecían chicas para escoger”.

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Radhika, de 17 años, en la pieza de una trabajadora sexual más adulta, Asma (vistiéndose en el fondo). Las dos se han vuelto cercanas durante el período que lleva Radhika allí; ella respeta y aprende de su experiencia y ha podido tomar su misma actitud de supervivencia, mientras que Asma siente un cariño gigante hacia la amable y curiosa joven. Normalmente se forman fuertes lazos dentro de los prostíbulos, ya que las niñas aprenden a apoyarse unas a otras y a encontrar el auto-empoderamiento mediante el apoyo grupal y la experiencia colectiva.

Un informe en profundidad dará voz a miles de mujeres jóvenes que han sido despojadas sistemáticamente de la capacidad de elección y de expresión humana. Se busca informar, para que en los debates de actualidad en la India se hable, directamente, sobre temas como la desigualdad sexual, la corrupción y el desarrollo. Y quizás lo más importante, ayudará a la gente común a tomar conciencia de esta crueldad y empezar a contribuir en el proceso de mejora.

“La revista The Matter Fellowship me dará los recursos y el tiempo que necesito para documentar la realidad de Sonagachi tan honesta y convincentemente como sea posible, denunciado abusos a los derechos humanos y el fracaso del Estado frente a las historias humanas más urgentes”.

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Radhika, ataviada con su traje para la tarde, espera a los clientes a la salida de su burdel. 

Todas las fotografías son propiedad de Souvid Datta. Puedes revisar más trabajo de este artista en el siguiente link.

Visto en: Upworthy.com

Llevó su cámara fotográfica a un pueblo en el que la prostitución es una forma de vida. Esto fue lo que encontró

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EL PAÍS: UNA ASOCIACIÓN DE PROSTITUTAS IMPARTE UN CURSO A NOVATAS

LA CRISIS AUMENTA LA DEMANDA DE MUJERES QUE DESEAN APRENDER EL OFICIO

Barcelona

Paula Vip creadora del curso de iniciación a la prostitución. /GIANLUCA BATTISTA

Paula Vip es su alias laboral. Tiene 42 años es catalana y se define como elegante, discreta, educada y “puta”. También es la presidenta de la Asociación de Profesionales del Sexo (Aprosex) y la inventora del único curso de prostitución que se imparte en España. Mañana sábado Paula volverá a aleccionar, junto a la psicóloga clínica Cristina Garaizábal, a 25 alumnas para que se conviertan en “putas profesionales”. Todo ello en un sólo fin de semana y por 50 euros. Vip asegura que con la crisis hay una sobreoferta de mujeres que ejercen la prostitución y considera su curso como imprescindible para adentrarse en ese sector.

La presidenta de Aprosex deja claro en primer lugar que su trabajo no tiene absolutamente nada que ver con la actividad que la que realizan las mujeres a las que se obliga a prostituirse: “Eso es trata de seres humanos y debe intervenir rápidamente la policía”.

Pese a ello, Paula denuncia que está dada de alta en el régimen de autónomos como trabajadora sexual pero en cambio no tiene derechos: “Las autoridades piensan que las putas somos ignorantes y les molestamos”. En Aprosex hay asociadas que se prostituyen en la calle y que están ahí “porque quieren y deben seguir pactando espacios y horarios con los ayuntamientos”.
El letrado representante de la organización feminista Clara Campoamor, David del Castillo, ha defendido el curso de la asociación Aprosex ya que “se trata de mujeres que se prostituyen por voluntad propia sin ningún tipo de coacción y se les da unos conocimientos útiles para el ejercicio de esa actividad”.

“La crisis ha provocado una sobreoferta que ha reventado las tarifas del mercado y mucha niña con mucha falta de profesionalidad”, asegura Vip. La presidenta de Aprosex quiere que las personas que empiezan en el sector del sexo de pago tengan muy claro que “la prostituta no es una víctima, los hombres pagan pero no por ello mandan”. Paula Vip compara la relación de la prostituta con el cliente como la que se ejerce con un médico, un arquitecto o un abogado: “Yo soy la que te digo cuanto tiempo tienes de tratamiento, en qué lugar se va a construir la casa o si te voy a llevar el caso o no… la que decide es la profesional ya sea una escort de lujo o trabaje en plena calle”. El curso comienza recordando a las alumnas si sirven o no sirven para la profesión. “Todas llegamos aquí por dinero, pero te tiene que gustar el sexo y tienes que ser capaz de hacerlo con desconocidos”, afirma. Además, es importante que no caigas en el “estigma puta, hay que huir de él y sentirte orgullosa con lo que haces”. También se enseñan pequeños trucos para evitar la apatía cuando se acerca el momento de realizar un servicio. Además, hay un gran capítulo dedicado al compañerismo y al marketing de la prostitución.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/11/13/catalunya/1415912798_592916.html

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El 22 % de los clientes se enamora de una prostituta

De acuerdo con un estudio, 4 de cada 10 son hombres casados. Testimonios.

Según la investigación, el 48 por ciento de las encuestadas se ha enamorado de un cliente.

Foto: Archivo / EL TIEMPO

Según la investigación, el 48 por ciento de las encuestadas se ha enamorado de un cliente.

 

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Entre los miles de clientes que cada mes contratan los servicios de mujeres que se dedican al lucrativo, y para algunos denigrante, negocio de la prostitución se camuflan hombres que dejan de verlas como un mero objeto. Hacen de lado el sexo y se enamoran.

Por más incrédulos que sean algunos sobre el tema, este es un secreto a voces entre ellas –el Distrito no cuenta con un número preciso de mujeres que se dediquen a este oficio–.

En las esquinas de las calles, así como en los prostíbulos, recuerdan las historias de un amor fallido o aún latente. “Sí, el amor aquí existe. Me han traído rosas, chocolates y hasta ropa interior. Unos, sin tocar un solo pelo”, contó Lucía, mientras esperaba a algún cliente que le pagara 30.000 pesos, en una esquina del centro de Bogotá.

Y no es la única que ha tenido esta experiencia. Según el libroSalud, dinero, amor… y maltrato, que aborda los cuatro riesgos de la prostitución y que está a solo un mes de ser publicado, el 22 por ciento de los hombres que las buscan terminan enamorados. Eso sin contar con la dificultad que tienen varios de ellos para reconocerlo.

“Aparece un riesgo afectivo, descubrimos que existe una probabilidad de que se relacionen más allá del vínculo sexual. Las dos partes están en riesgo”, explicó Carolina López Durán, investigadora de la Fundación Ingeniería Jurídica y una de los tres autores del texto.

Lo que no deja de sorprender es que cerca de la mitad de los amorosos (37,8 por ciento) son hombres casados. Esa condición, a la hora de hablar de amor, cuenta. “Uno no puede esperar que lo quieran de verdad si tiene familia. Así, uno llega es a sufrir”, dijo Clara, una jovencita que no cobra menos de 100.000 pesos por cliente.

Riesgo afectivo, latente

Y si los clientes entregan el corazón, ellas también. Según la investigación, el 48 por ciento de las encuestadas se ha enamorado de un cliente.

“En este trabajo el corazón se vuelve hueco y no puedes entregar tus sentimientos fácilmente. Te acostumbras a que te usen y no a que se enamoren, pero a veces piensas que las cosas pueden cambiar y que no todos son iguales”, aclara Sara, que les presta sus servicios a 8 o 10 clientes al día.

En Bogotá, donde hay 12 zonas de alto y mediano impacto, con 341 establecimientos dedicados a la prostitución, así como 7 localidades de menor impacto, donde se ubican 31, según la Secretaría de Integración Social, el riesgo de enamorarse es latente. ¿Por qué?

Para algunas, solo se trata de un embuste. “Yo tengo experiencia en esto. He trabajado en el 7 de Agosto, en el Santa Fe y en Fontibón, y a todas partes han llegado buenas propuestas, traman con todo: ‘tengo casa, finca, te llevo a vivir, no pagas nada…’ ”, recuerda Luna.

La investigadora Carolina López, en cambio, opina que “algunos clientes consideran que son relaciones idealizadas. Mujeres que conversan y se toman un trago contigo. Influye la cercanía”, explicó.

‘Es difícil de creer que alguien te quiera’

Sara*
29 años

“Solo uno de mis clientes se ha enamorado de mí. Tiene 32 años y es administrador de empresas. Cuando voy a su apartamento, me dice que todo es mío, que yo sería la mujer de la casa.

No quiere que siga en esta vida, lo sé, pero no es fácil.

“La primera vez que lo vi estaba en su carro. Me hizo ojitos y yo también, como a un cliente normal. Fuimos a la habitación y en ese momento, obvio, estuvimos. Pero, desde ahí, no más. Desde ese día no me toca. Ya no me usa. Después de que lo hizo la primera vez, empezó a estar pendiente de mí. Todos los días viene y me deja un diario. De eso ya hace ocho meses.

“Dice que si no quiero vivir con él, no importa, que él me mantiene. Pero, para eso, claro, me pide que salga de esta vida.

Todos los días me acuesto pensando en su propuesta.

Me gusta, pero no es fácil confiar en alguien porque puede tenerte unos meses, y ya.

“Es difícil de creer que alguien te quiera. A veces, en las noches, le doy gracias a Dios porque soy bendecida; por lo menos hay un hombre que me mira con otros ojos. Somos novios.

“Cuando me ve, me abraza y me consiente en la calle.

Me dice que así me toquen montones soy su mujer, y es la primera vez que alguien me dice eso.

Yo todavía sueño con tener un esposo y una familia muy bonita y llena de valores, pero tengo miedo”.

* Trabajadora sexual hace 8 años

‘No fue fácil, pero hoy somos una familia’

Pedro
37 años

“Hace 14 años, la que hoy es mi esposa y madre de mis dos hijos se dedicaba a la prostitución. La primera vez tenía puesta una chaqueta negra y un par de sandalias. Era la 1 a. m. Aunque no estaba seguro de lo que hacía, porque ella decía que trabajaba en un almacén, algo me acercaba a la verdad.

“Empecé a invitarla a desayunar y hablábamos como amigos. Fue solo un mes después cuando fue capaz de decirme. Al principio, sin ninguna intención, pensé que podía ayudarla. Después comenzamos a tener relaciones y le propuse que dejara esa vida. Decía que iba a hacerlo más adelante porque aún no había solidez en lo nuestro. Yo, mientras tanto, iba al sitio y la recogía.

“Fue difícil. La gente pensaba que el que fue no deja de ser. Salió de eso, pero una vez intentó recaer. Decirles a ellas que otro trabajo es más valioso, así sea menos remunerado, es como enseñarle a un niño.

“Cuando estaba por desistir, quedó embarazada. Sabía que tenía que rescatarla definitivamente por mi hija.

Y hoy, después de tantos años, puedo decir que sí valió la pena.

‘Salud, dinero, amor… y maltrato’

El análisis que hace el libro sobre los riesgos de la prostitución se basa en las encuestas realizadas a 350 mujeres en esa condición y 350 hombres que las buscan. Sus autores son los investigadores Carolina López, Patricia Mugno e Isaac de León Beltrán. Entre otros, el libro aborda las agresiones de las que son víctimas estas mujeres, así como el efecto de la edad en la tarifa. “Conocimos muchos sitios, el tipo de clientes, el tipo de chicas”, agrega Carolina. Estará a la venta en un mes.

ALEJANDRA P. SERRANO GUZMÁN
Redactora de EL TIEMPO

http://www.eltiempo.com/bogota/clientes-que-se-enamoran-de-prostitutas/14707339

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Colectivo Hetaira: “Las prostitutas no son traidoras del género ni están haciendo el juego del patriarcado”

El colectivo Hetaira, de Madrid, vela por los derechos de las personas que trabajan en el sexo y lucha por eliminar la estigmatización social que estas prácticas conllevan, criminalizando a las prostitutas y considerándolas siempre como las “eternas menores de edad”. Hablamos con dos de sus integrantes a su paso por Extremadura. 

Silvia Arjona/ AECOS

Alba y Elisa, del colectivo Hetaira en un momento de la entrevista en Plasencia (Cáceres) hablando sobre la prostitución y su estigmatización social./ SAM

La prostitución voluntaria, ¿práctica patriarcal o trabajo sexual? Las respuestas y sus análisis pueden ser muchos y muy variados en función de quién los cuestione y desde dónde los plantee.

Dentro del movimiento feminista y los colectivos de mujeres hay grupos que defienden o condenan estas prácticas, sin llegar a consensos claros. Por ejemplo, el feminismo cultural abole la prostitución por considerarla una forma más de opresión de las mujeres por parte de los hombres, mientras que el feminismo pro sexo lo analiza como un trabajo más basado en un acuerdo comercial entre adultos, para el que hay unas normas establecidas previas.

El colectivo Hetaira, cuyo nombre se refiere a las mujeres libres e independientes de la antigua Grecia que ejercían la prostitución, trabaja desde 1995 con mujeres y transexuales de Madrid con el fin de defender sus derechos como personas trabajadoras del sexo y que puedan organizarse, cotizar a la Seguridad Social, sindicarse… Les interesa acabar con el estigma social que acarrean estas prácticas y que divide a las mujeres entre “las malas” (las putas) y “las buenas” (todas las demás). Su lucha persigue diferenciar entre la prostitución forzada y la voluntaria y en no homogeneizarlas por ser algo muy complejo. Y abogan por el derecho de autodeterminación sexual de las mujeres y porque las prostitutas tengan voz en los lugares donde nunca las tienen en cuenta, como por ejemplo las instituciones.

Hablamos con dos trabajadoras y activistas de Hetaira, Alba Fernández Val y Elisa Arenas López, tras participar en las II Jornadas Trans-formativas. Topologías del Transfeminismo realizadas en Plasencia (Cáceres) a finales de abril y organizadas por el colectivo Extremadura Entiende, para conocer mejor su trabajo y el de las prostitutas.

¿Qué es el colectivo Hetaira?

Elisa. Hetaira es un colectivo de defensa de los derechos de las trabajadoras del sexo, formado por trabajadoras del sexo y por personas que realizan otros trabajos. Es un colectivo mixto que se creó en su origen entre feministas y trabajadoras del sexo con el objetivo principal de defender sus derechos y mejoras condiciones de vida, así como luchar contra el estigma que recae sobre la prostitución.

Consideramos, además, que para aquellas personas que viven mal el ejercicio de la prostitución y quieran dejarlo deben tener alternativas reales, no dejándoles las migajas de los proyectos sociales. Las trabajadoras del sexo lo que reclaman son derechos, de ahí que lo principal que se debe hacer es escucharlas porque existen, salen a la calle y además saben perfectamente lo que quieren y cómo lo quieren.

Alba. Hay que perder la idea de las eternas menores de edad que hemos tenido las mujeres a lo largo de la historia y que ahora la tienen las prostitutas como si no supieran qué es lo que quieren. Hay que escucharlas partiendo de que son sujetos con derecho y con capacidad de decisión.

¿Integráis también a trabajadores sexuales?

Elisa. Estamos especializadas en mujeres bisexuales y trans. También trabajamos con chicos pero en menor medida ya que hay otros colectivos más especializados.

Alba. Las características, situaciones y visibilidad son diferentes, por lo que nos hemos centrado más en trabajar en mujeres cis y trans, aunque colaboramos con otras asociaciones que están especializadas en trabajadores del sexo masculinos.

¿Cómo se trabaja contra la estigmatización del sexo desde la visión hegemónica heteropatriarcal de nuestra sociedad?

Alba. Trabajamos en dos esferas, por un lado de cara al exterior y por otro de cara al interior de nuestro colectivo. De cara a la sociedad, a las instituciones y al movimiento feminista intentamos romper el estigma por varias vías. Una, visibilizando que hay trabajadoras sexuales que ejercen de manera voluntaria, rompiendo la idea de que todas son víctimas y obligadas por mafias y proxenetas -ya que eso es trata de seres humanos con fines de explotación sexual-, y diferenciándolo de las personas trabajadoras sexuales voluntarias que deciden ejercer de manera propia sin coacción, independientemente de las circunstancias que le lleven a trabajar o en las que trabajen.

En definitiva, es romper con la concepción de las buenas y las malas mujeres, de que las prostitutas no son traidoras del género ni están haciendo el juego del patriarcado por el hecho de ejercer la prostitución, sino que es un trabajo que ellas deciden por equis razones, que es un trabajo que les ayuda a empoderarse, que les ayuda a salir de situaciones que con otros trabajos quizás no podrían salir y que les da independencia económica. Hay mujeres que les gusta trabajar en esto y quieren seguir trabajando en ello, por eso, no se las tiene que estigmatizar ni como víctimas ni como traidoras o brujas. Pero, incidimos, ¡es un trabajo, no una forma de ser! Es decir, ¿por qué una fontanera deja de serlo cuando acaba su jornada y se va a casa y una puta lo es siempre?

De cara hacia dentro, lo que realizamos es el trabajo directo con las trabajadoras en lugares donde se ejerce la prostitución. Si es en la calle pues estamos en la zona centro de Madrid y en polígonos, en la Casa de Campo, pero también en los pisos y los clubs donde se ejerce la prostitución, así como en nuestro local, en el centro de Madrid, donde vienen muchas trabajadoras.

¿Qué temas concretos tratáis en y desde Hetaira?

Alba. Trabajamos muy diversos temas como la salud sexual, el empoderamiento de las chicas, habilidades sociales, la cohesión y unidad de grupo para la reivindicación de derechos, la intermediación en conflictos…

También formamos a trabajadoras del sexo que quieren representar a sus compañeras en los medios de comunicación, en ponencias, jornadas, etc., y necesitan saber cómo hacer una entrevista, cómo explicarte mejor para que no te puedan manipular las intervenciones o cómo manejar los nervios.

¿Trabajáis con la otra parte implicada, los clientes?

Elisa. Es muy difícil llegar a los clientes porque ellos también tienen una situación de estigmatización. Hay muy pocos clientes que quieran dar la cara y digan que contratan servicios sexuales. Lo que hacemos son campañas de concienciación hacia el respeto del trabajo sexual porque consideramos que desde las instituciones y sectores abolicionistas hacen campañas culpabilizadoras del cliente donde las putas son víctimas y los clientes hacen lo que quieran con ella. Y esto es súper peligroso porque los clientes son un grupo muy heterogéneo y hay de todo; además, este estereotipo de que el cliente domina es muy desmentido entre las prostitutas. Sin embargo, están en el imaginario colectivo de una manera brutal porque las campañas van dirigidas a reforzar eso, además de reforzar la idea de que se pueda ejercer la violencia contra las trabajadoras sexuales y que se las pierda el respeto. Siempre se fomenta el estigma.

Por ejemplo, el Ayuntamiento de Sevilla que tiene una ordenanza de multa al cliente, en su campaña contra la prostitución decía algo así como “tan poco vales que tienes que pagar” “la prostitución incluye violencia, vejación, sumisión…”. Es una locura decir eso porque el mensaje que estás trasmitiendo es “haz lo que quieras con las trabajadoras sexuales”, fomentando la violencia. Y el punto tiene que ser el contrario, el fomento del respeto, el buen trato y saber que el cliente está teniendo una relación sexual pagada, que es un contrato, donde la trabajadora impone sus límites y donde se negocia lo que se va a llevar a cabo en ese servicio sexual. Las trabajadoras son quienes tienen el poder y el objetivo es que ellas trabajen a gusto bajo sus condiciones y límites.

¿Los medios de comunicación y la publicidad influyen para esa estigmatización?

Elisa. Muchísimo porque la imagen que se ofrece es pésima. Siempre se ven como víctimas y se refleja el lado morboso de la prostitución.

Y en este sentido, ¿qué pensáis de los anuncios de prostitutas en la prensa?

Prostitución

Alba. Es otra manera más de publicitar sus servicios, al igual que un blog, por ejemplo. Es falsa la idea de que los anuncios lo ponen los proxenetas, al igual que se dice que las que están en la calle están ahí por presión de un chulo. Entonces, ¿por qué la policía no lo investiga? ¿Por qué, si en la calle Montera -de Madrid-hay una comisaría, la policía no hace nada? En realidad esto no es cierto.

A ello, además, hay que decir que mucho de los casos que detectamos de trata es porque nos lo dicen los clientes. Es decir, cuando observan algo extraño, creen que algo no va bien, son ellos quienes nos lo comunican por ser quienes más se acercan a ellas.

¿Qué supondría la regulación de la prostitución?

Alba. Desde Hetaira no abogamos por una regulación al estilo de lo que se entiende en otros países de Europa, que es un control por parte del Estado de las trabajadoras del sexo, beneficiando siempre a los empresarios de los clubes y a los Gobiernos. Nosotras apostamos más por una normalización del trabajo con una legislación que ponga en el centro los derechos de las trabajadoras del sexo, no nos vale cualquier tipo de ley.

¿Y ese “no control del Estado” no se podría aplicar a cualquier otro tipo de trabajo?

Elisa. Por supuesto, esto se podría extrapolar a cualquier otro trabajo, lo único que en otros sí que hay un estatuto y unos derechos. Es como si en el sector de la albañilería empezáramos a controlar dónde tienen que trabajar, qué controles sanitarios tienen que hacerse, pero no pueden sindicarse ni organizarse ni tener derechos. La normalización implica los derechos laborales y sociales, y no el control.

Alba. Así, por ejemplo, no por ser puta has de hacerte unos controles médicos estipulados, con toda la estigmatización social que eso conlleva para el personal médico que atiende, sino más bien por ser persona que vive en esta sociedad. Es decir, hay que fomentar que todas las personas por medio de la educación tengamos unos conocimientos claros de la sexualidad y que nos hagamos controles regulares.

Elisa. En definitiva, de lo que se trata es que todas las relaciones humanas tienen que estar guiadas por el respeto y la libertad, ¡todas! Si son comerciales o no, depende de un pacto libre entre adultos.

¿Con cuántas mujeres trabajáis desde Hetaira?

Elisa. No hay datos oficiales del número de prostitutas que hay, pero las que solemos atender desde Hetaira son más del millar de mujeres anuales.

¿Y ante la actual situación económica para muchas personas ha aumentado el número de prostitutas?

Alba. Sí, ha aumentado tanto en personas migrantes como nacionales, pero no es un fenómeno tan masivo como los medios de comunicación propagan. Hay muchas que ejercían y han vuelto o que lo compatibilizan con otros trabajos porque necesitan otro sueldo o porque ejercen la prostitución, y como la crisis también las afecta a ellas, compatibilizan el trabajo con otro fuera de la prostitución.

En definitiva, como que hay una variedad de situaciones muy amplia y no se puede reducir todo a la idea fija que se tiene de la prostitución.

“Si regularizáramos la prostitución hoy estaríamos favoreciendo a las mafias, al tráfico de personas y a los proxenetas”. (Ana Botella, Alcaldesa de Madrid).

Lo más importante es combatir el tráfico de mujeres para su explotación sexual, cuando hayamos conseguido combatirlo hablamos de filosofía”. (Elena Valenciano, Vicesecretaria General del PSOE).

“¿Por qué un gobierno no cierra un club de alterne con la misma energía que cierra una herriko taberna?” (Pablo Iglesias, impulsor de Podemos).

“La prostitución debería legitimarse como un trabajo más y dejar de criminalizar a las mujeres que trabajan el sexo”. (Carolina Hernández, trabajadora sexual y activista de Hetaira).

“No es delito prostituirse, lo que está tipificado en el Código Penal como delito es el proxenetismo, que es lucrarse de la prostitución de terceros, lo que deja un vacío legal a la prostitución porque no reconoce la actividad”. (Elisa Arenas, trabajadora social y activista de Hetaria).

 “Las prostitutas no son traidoras del género ni están haciendo el juego del patriarcado”

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