Así navegan por internet los ‘puteros’ españoles

Los amigos del fornicio de pago buscan buenos precios, interlocutar con las chicas de tú a tú y son muy exigentes

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Un usuario de internet visita una web de contenido para adultos / CG

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En el interior de una escuela para prostitutas

 

Puta escuela II

Esta no es una escuela común. No es un lugar de los que escuchas hablar en las conversaciones sociales ni el tipo de curso que te recomiendan para salir de la monotonía. No es una clase para mojigatos ni tímidos. Esto es Aprosex, una ONG que realiza un curso para trabajadoras sexuales. 

Algunos la llaman la profesión más antigua del mundo. Es un trabajo del que todas las personas han oído hablar, al que muchos recurren para satisfacer sus necesidades físicas o emocionales y muchas otras lo ejercen, inicialmente, para solventar un problema económico. Sin embargo, la prostitución, a pesar de los grandes avances en derechos e igualdad de la mujer, no ha dejado de ser una profesión llena de estigmas. Para eso es esta universidad. Una de sus fundadoras habló con KienyKe.com.

“Mitos hay muchos, como que somos mujeres, adictas, alcohólicas, madres despreocupadas, que somos violadas y vejadas por nuestros clientes de forma sistemática. La realidad es que somos mujeres como usted, con nuestras familias, padres, madres, hermanas, hijas e hijos a los que llevamos y recogemos del colegio. No somos una raza extraña de mujeres, e incluso, lo más probable es que en su red más cercana de amigas o familiares, haya alguna trabajadora sexual que vive escondiendo cómo gana su dinero, por temor a ser juzgadas”, aseguró Paula VIP, una de las creadoras de este curso.

Esto precisamente es lo que busca Aprosex, luchar por los derechos y la reivindicación de las trabajadoras sexuales. Esta asociación fue creada en el año 2012 como la primera asociación gestionada por profesionales del sexo en España, entre ellos, gigolós, transexuales, lesbianas. 

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Durante los últimos cinco años se ha consolidado como el único colectivo en España que llevan a cabo un proyecto de estas características y que solo busca lo mismo que todos los colectivos de trabajadores del mundo: “Reclamamos nuestros derechos sociales, civiles y laborales, que a lo largo de la historia se nos viene negando por pura moralina. Las putas precisamos de los mismos derechos que el resto de mujeres. No queremos más, pero exigimos no tener ni uno menos”.

Un curso de estas características indudablemente ha de generar múltiples reacciones. Por un lado, las mujeres que se ven beneficiadas por el curso les han manifestado a las creadoras un alto grado de satisfacción no sólo porque les ha permitido adquirir conocimientos, sino también porque ha permitido generar una red de compañeras en las que pueden confiar; “Y eso siempre viene muy bien en este trabajo, que en muchos casos obliga a una soledad extrema, de nuevo, provocada por el estigma puta”.

Sin embargo, fuera del círculo de trabajadores sexuales, muchos otros se han opuesto con vehemencia. “Es evidente que los grupos abolicionistas han puesto el grito en el cielo”. El estigma las persigue, sin embargo, esto no es ni un límite ni un obstáculo para ellas “proteger y cuidar de nuestras compañeras es nuestra obligación, que se sientan seguras, fuertes, que actúen sin miedos y sin complejos, es nuestra prioridad”.

Partiendo de la primicia de que el trabajo sexual es igual a cualquier otra profesión, estas mujeres, prostitutas veteranas, han decidido compartir los conocimientos y estrategias que han aprendido con el tiempo y la experiencia. Para ellas, ser putas es un trabajo voluntario, que como cualquier otro, se puede aprender y mejorar.

Los cursos de Empoderamiento y Formación se dictan a las nuevas profesionales del sexo para que las mujeres y hombres que los tomen puedan trabajar de forma autónoma y, de esta forma, que sus ingresos les pertenezcan a ellos y no a un tercero; los temas que se abordan en la clase son amplios y variados: desde el estigma que alcanza a todas las mujeres que ejercen la prostitución, hasta cómo promocionarse en las redes sociales para obtener mayores rendimientos económicos.

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Según el temario del curso “Prostitución: Empoderamiento y Formación Básica para Nuevas Profesionales” publicado en la página web de Aprosex, los enfoques del curso son diez, y cuatro de ellos están enfocados en cuestionarse si están preparadas para ejercer este trabajo, mientras los demás buscan darles herramientas y trucos a las mujeres para poder ejercer esta labor: 1. ¿Por qué quiero dedicarme a la prostitución?; 2. Insistiendo…¿De verdad deseo ser prostituta?; 3. ¿Pensaste en los inconvenientes?; 4. Me siento preparada para ejercer esta profesión?; 5. Pequeños y no “tan pequeños” Trucos sobre Sexo; 6. Introducción al Estigma Puta y sus consecuencias anímicas; 7. La Profesionalización de las Trabajadoras del Sexo; 8. Fondos y Planes de Ahorro; 9. Hacienda y Seguridad Social; 10. Marketing para Trabajadoras Sexuales.

Los cursos tienen una duración de cuatro horas, se llevan a cabo los sábados y tienen un costo de 90 euros. Las clases se dan en grupos reducidos para permitirles a los participantes expresar sus dudas y necesidades y así adecuar la lección para ellos.

Aprosex

“Nuestra labor consiste, en gran parte, en formarlas en el aspecto de empoderamiento feminista, comprendiendo de este modo, que el poder lo ejerce siempre la trabajadora sexual y las pautas que debe seguir para evitar que el cliente intente una rebaja o que pretenda quedarse más tiempo del pagado”

Usualmente, las mujeres que deciden comenzar a ejercer como prostitutas se enfrentan a un panorama incierto: tienen que empezar un trabajo nuevo, en el que usualmente no pueden recurrir a ningún asesoramiento, no saben cómo deben actuar y se enfrentan a la desconfianza, temor, estigmas y  secretismo solas.

“Nuestras alumnas tienen mucho miedo a ser descubiertas por sus seres queridos, en primer lugar, y el segundo tema que más les preocupa es la seguridad. En cualquier caso, el acompañamiento es esencial y no termina cuando finaliza el curso, si no que se extiende en el tiempo para que las dudas y consultas que vayan surgiendo al comenzar el trabajo, puedan ir siendo resueltas desde la dirección de Aprosex”, dice VIP en diálogo con este medio. 

Sin embargo, este trabajo, además de las dudas y el miedo, también genera satisfacción. Sobre todo, al estar trabajando en lo que ellas decidieron de manera que no solo subsisten, sino también pueden llevar una vida digna, pagar sus facturas y alimentar a sus familias.

“No hay que ser de ninguna forma especial. Lo que sí es absolutamente necesario, es la formación específica, como en cualquier otra profesión. Porque esto es lo que somos, profesionales del sexo de pago”

Aprosex y Paula VIP defienden la dignidad de este trabajo. Afirman que la única diferencia que existe entre la prostitución y todos los demás trabajos es la moral “Se lleva a cabo un trabajo y se cobra por él. Fin del drama”. Según lo explica, las mujeres deciden qué servicios realizan y filtran los clientes que no les son gratos. Ellas deciden los tiempos y el precio. “Así que no es diferente de cualquier otro trabajo autónomo, a diferencia de que en el nuestro se cobra por adelantado. No hay impagos, algo muy habitual y poco castigado en España”.

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En España, el ejercicio de la prostitución no es ilegal, así que ellas pueden ejercerlo con tranquilidad. Sin embargo, se vulneran muchos derechos, como no tener baja por maternidad o que poder cobrar una baja si están enfermas. Paula VIP asegura que la moral de los políticos y las políticas no debería interferir en los derechos humanos, sociales, civiles y laborales de un colectivo de mujeres marcadas por el estigma de una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado, antes que legislar con sentido común, justicia y sabiduría. Sin embargo, hay casos de casos.

Los juicios y agresiones están presentes en la vida de estas mujeres constantemente. En la vida personal es difícil comunicarle a sus seres queridos cómo se ganan la vida, terminan inventando historias y mentiras para justificar el dinero que consiguen y el tiempo que le invierten. Se inventan una vida con la que tienen que cargar y revelar la verdad puede ser quitarse una cruz de encima o recibir un rechazo que las hiere profundamente.

Sin embargo, también aseguran que ser prostitutas ayuda a mejorar su vida: su situación económica mejora notablemente, son más independientes y disponen de más tiempo libre, regularizan sus pagos atrasados, pueden acceder a viviendas de alquiler o compra al poder darse de alta como trabajadoras autónomas. No existe ninguna diferencia con cualquier otra trabajadora; “a excepción del maldito estigma, ése que hace que deban mentir acerca de en qué trabajan, para que su círculo cercano no las juzguen, las intenten “salvar”, las discriminen o las avergüencen en público”.

Socialmente, hasta el mismo título que las caracteriza lo utilizan para insultar, pero a ellas no les importa.

“Somos putas, nos autodenominamos putas, porque puta es sólo una palabra. Quien la intenta usar como insulto, se encuentra al otro lado con una mujer que se reafirma como mujer disidente a la sociedad, con una luchadora por sus derechos y los de sus hermanas. Con una feminista convencida y valiente. Puta es una palabra sonora, radical, contundente que nos representa y nos honra”.

“Prostitutas y feministas”

Paula VIP solía ser contadora antes de darle otro rumbo a su vida. Lleva diez años trabajando como prostituta y tras todo este tiempo, no sólo afirma que le gusta su trabajo sino que también lo desarrolla “con mimo” hacía ella misma, sus clientes y compañeras.

Afirma que ser puta ha cambiado su vida a mejor: “He conocido a mujeres increíbles, empoderadas completamente que me han abierto los ojos en lo que al feminismo se refiere y puedo, desde mi posición de profesional del sexo, hacer mucho bien a otras compañeras menos empoderadas, a las novatas, a las que siempre trabajaron para terceras personas, a que por fin se queden con el 100% del dinero que ganan. Este trabajo me llevo a estudiar terapias sexuales, que es mi otra profesión y dejar definitivamente mi antiguo trabajo en contabilidad”.

Para ella, la prostitución es el trabajo donde el patriarcado tiene menos que decir. Ellas mandan y toman las decisiones mientras el cliente asiente y paga; “Así es como las putas han trabajado  a lo largo de toda la historia”. El referente social y cultural de las putas son las cortesanas y hetairas; ellas, como profesionales, dicen declararse muy por encima del sometimiento masculino. “Ellos saben quién manda”.

En su opinión, la institución que mejor vela por el patriarcado es el matrimonio, mientras que la trabajadora sexual define que desea hacer, cobra por adelantado y los pacta por adelantado, “despojamos al hombre de ropa, lo dejamos reducido a su mínima expresión y le instamos a irse cuando pasó el tiempo acordado”.

“Las putas somos feministas en defensa propia contra los grupos abolicionistas a los que tanto les molesta que nos ganemos la vida. Obviando que nosotras deberíamos tener todos y cada uno de los derechos que ellas ostentan y que a nosotras, nos deniegan sistemáticamente”. Además, cuestionan que tan feministas pueden ser quienes las critican y arremeten entre ellas en vez de luchar a su lado para mejorar sus condiciones laborales.

Finalmente, sobre cómo esta profesión ha cambiado su vida y la de las mujeres que la ejercen, sobre como su vida ha evolucionado, afirma: “Ya no somos tan “normales”, ya nos desprendimos de las casposas reminiscencias que la sociedad nos hace creer si ejercemos trabajo sexual. Somos más fuertes que antes, somos mujeres libres, feministas, compañeras en la lucha, madres, hijas, hermanas.

Tal vez seamos menos “normales” porque las abolicionistas nos han hecho crecernos ante la adversidad de sus críticas feroces, de sus moralinas de tercera regional, de su concepción de una sexualidad monógama y concéntrica, de un mito del amor romántico enfermizo y que refuerza la figura del macho sobre una mujer dominada”.

http://www.kienyke.com/historias/prostitutas-feministas-y-una-escuela/

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Colau evita multar la prostitución callejera

Las prostitutas aseguran que con la entrada en el gobierno de BComú el trato con los agentes de la Guardia Urbana ha cambiado y ya no imponen sanciones

“No parecen los mismos urbanos. Ya no vienen a la caza y captura de la puta. Hay presión, pero ya no nos multan, como hacía Xavier Trias”. Janet, una de las prostitutas de la calle de Robador del barrio barcelonés del Raval, sostiene que desde que entró Ada Colau en el Ayuntamiento los agentes han dejado de multarlas por ofrecer servicios sexuales en la calle. “Necesitábamos que alguien simplemente nos escuchara. Queremos que coloquen bancos en la calle para trabajar de forma más discreta, tener baños públicos… el Ayuntamiento dice que lo estudia. Ahora, por lo menos, cuando nos precintan un apartamento acusándonos de montar un meublé nos dejan sacar nuestras pertenencias”, se conforma. La estadística da la razón a Janet.

 
Prostitutas en la calle de Robador de Barcelona.
Prostitutas en la calle de Robador de Barcelona. MASSIMILIANO MINOCRI

El exalcalde convergente Xavier Trias, apoyado por el PP, modificó la ordenanza de civismo en 2012 para prohibir la prostitución callejera en Barcelona. En las primeras cinco semanas que la norma estuvo vigente, los urbanos amonestaron a 316 personas (204 de estas denuncias fueron a prostitutas). El convergente conservó la alcaldía un mandato.

 

En junio de 2015, Ada Colau tomó posesión como alcaldesa. Durante todo ese año la urbana interpuso 508 denuncias por ofrecer o contratar servicios sexuales en la vía pública, la mayoría de ellas en los meses que gobernó Trias. Desde la tenencia de alcaldía de Derechos de Ciudadanía y desde la concejalía de Feminismos aclaran que aunque Colau hubiera querido sancionar a las prostitutas —que no quería— no lo hubiera podido hacer porque a los pocos días de haber tomado posesión del cargo entró en vigor Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como ley mordaza. “Esta ley tiene un rango superior a la ordenanza y es de obligado cumplimiento. El texto legal no prevé multar por realizar ofrecimientos sexuales”, defiende una portavoz municipal.

 

La ley mordaza impide sancionar a prostitutas, pero el Consistorio barcelonés añade otros motivos para no multarlas: “Existe una directiva europea que pide que se evite revictimizar a las mujeres en posibles situación de tráfico”. Desde el Consistorio admiten que “no sancionar el ofrecimiento sexual es una práctica consolidada en Barcelona y que, además, no ha tenido ningún impacto sobre el número de prostitutas que ejercen en las calles”.

La portavoz municipal asegura que según las estadísticas con las que cuenta la Agencia para el abordaje integral del trabajo sexual (Abits) el número de meretrices es estable desde hace años. “Las sanciones a las prostitutas no tenían ningún efecto disuasorio y dejar de sancionar no ha supuesto un aumento de trabajadoras sexuales”, concluye la portavoz.

El intendente jefe de la comisaría de Ciutat Vella de la Guardia Urbana de Barcelona, Benito Granados, opina que “quizás antes la administración había perdido un poco la sensibilidad con el tema de la prostitución”. Granados conoce los movimientos que hay en su distrito y más allá. “Actualmente, entre la ronda Sant Antoni, Robador, la Rambla y la Villa Olímpica hay cerca de 60 mujeres ejerciendo la prostitución callejera”. Reconoce que es una población bastante estable.

“Este 2016 en Ciutat Vella no hemos denunciado a ninguna prostituta y hemos multado a unos 80 clientes”, explica Granados. El intendente ha hecho labores de mediación con el colectivo: “Nuestro objetivo es luchar contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Ahora los explotadores no se distribuyen en grandes organizaciones criminales sino que son estructuras pequeñas que explotan a una o dos mujeres siguiendo métodos emocionales que hacen muy complicado nuestro trabajo”.

En los parques de la Villa Olímpica los servicios sexuales pueden costar entre 10 y 15 euros mientras que en Robador o Sant Antoni alcanzan los 20 euros más “5 y 10 euros por la habitación”. “Actualmente hay una decena de meublés en funcionamiento y la propia normativa va en nuestra contra”, asegura Granados.

Relata que cuando los agentes sospechan que un piso funciona como meubléabren un expediente administrativo. Pero que hasta que se resuelve con el cese de las actividades, se precinta el inmueble y el juzgado da la orden de precinto judicial pasan unos meses durante los que los administradores han tenido tiempo para alquilar, u okupar, otro piso donde continuar la misma función.

También la ONG Genera constata el cambio de actitud de los urbanos con las prostitutas. Esta asociación en defensa de los derechos de las mujeres asegura que las multas solo sirvieron para precarizar, más aún, la situación de las mujeres: “Además, a las que más afectó fue a las jóvenes que se encontraban en una situación de trata (el 15% de las prostitutas según la ONG) y no podían moverse de la calle”.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/12/31/catalunya/1483172309_482487.html?id_externo_rsoc=TW_CC

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Las trabajadoras sexuales que venden el acceso a sus vidas privadas a través de las redes sociales

Se están dando cuenta que interesan tanto sus salidas a comprar alimentos y sus chistes malos, como sus cuerpos

BORROSA LA LÍNEA DIVISORIA ENTRE AQUELLOS CON QUIENES TENEMOS UNA RELACIÓN VERDADERA Y AQUELLOS QUE NO
Chris Stokel-Walker
Las redes sociales solo son el mercado más reciente en el que se venden y se compran favores sexuales.
 

Como cualquiera que ejerza la profesión más vieja del mundo, Cortana Blue vende intimidad.

Lo que la hace diferente es que ella utiliza las redes sociales para establecer esa conexión personal con sus clientes. Tan solo en un año ha logrado que 1.000 personas se suscriban a su cuenta en Snapchat.

Internet libera del sentimiento de culpa a quienes buscan pagar por sexo. Pero el campo se está ampliando a otras formas de intimidad.

En esa plataforma sus seguidores no solo pueden verla desnuda a diario, sino que también tienen acceso a su vida cotidiana.

“Puedes chatear conmigo cuando quieras”, dice.

Las nuevas generaciones de trabajadoras sexuales online se están dando cuenta que el público está tan interesado en sus salidas a comprar alimentos y en sus chistes malos, como en sus cuerpos al descubierto.

Más que sexo

“Si miras con un microscopio lo que está ocurriendo en la industria del sexo, te darás cuenta de que dice mucho de lo que está pasando en el resto de nuestras relaciones sociales”, comenta Teela Sanders, de la Universidad de Leicester, en Reino Unido.

Las redes sociales están haciendo más borrosa la línea divisoria entre aquellos con quienes tenemos una relación verdadera y aquellos que no.

Celebridades como Kim Kardashian y Taylor Swift tienen ejércitos de fieles seguidores atentos a cada nuevo post que colocan en sus cuentas de Instagram.
Pero aplicaciones como Snapchat, que promueven el intercambio de mensajes individuales, pueden hacer sentir algunas relaciones como más personales, e incluso recíprocas.

Las redes proveen a los fans con acceso al contacto íntimo las 24 horas del día.

En opinión de Sanders, quien tiene 15 años investigando la industria del sexo, internet cambió el significado del trabajo sexual.

La fórmula tradicional era intercambiar sexo por dinero, pero ahora existen diversos niveles de interacción sexual -desde contacto físico hasta interacción a través de una pantalla- lo cual atrae a personas que anteriormente no se hubiesen atrevido a adentrarse en este mundo.

La simple transmisión de personas desnudas con una cámara conectada a la computadora (webcamming) surgió poco después del advenimiento mismo de la red.

El “cibersexo” (transmisión de actos sexuales vía online) despegó en la década de los 90, gracias a su inmediatez, pero también por su interacción básica entre el emisor y la audiencia.

Sanders resalta que, a través de estas plataformas, la interacción se hizo psicológicamente más fácil para las personas, porque al no tener el contacto físico sentían que no están haciendo nada malo, que no afectaban sus relaciones “verdaderas”.

Sexo y las redes sociales

La industria del sexo se ha adaptado rápidamente al cambio en los hábitos de sus consumidores, incluyendo las redes sociales.
Momoka Koizumi es una trabajadora sexual que forma parte de los 150 millones de usuarios que dice tener Snapchat, una aplicación donde las personas intercambian fotos y videos por tiempo específico.

La joven de 23 años se convirtió en camgirl (una modelo que a diario se muestra desnuda a través de las redes sociales), cuando comenzó a estudiar en la universidad.

En ese entonces realizaba trabajos de medio tiempo que no le gustaban, hasta que su prometido le sugirió que se dedicara a ser modelo en internet.

Para emprender su nuevo trabajo Momoka comprendió que debía analizar muy bien el mercado, y contar con una presencia en redes sociales.

Algunos creen que somos permanentemente conscientes de nuestra imagen online, así que nunca revelamos nuestros verdadero ser.

“Revisé una docena de perfiles de exitosas camgirls y descubrí que todas tenían una cuenta en Snapchat”.

Estas modelos de internet venden el acceso a sus cuentas privadas en Snapchat, donde el seguidor podrá observar contenido sexual y no sexual. Al menos 10% de los ingresos de Koizumi provienen de su cuenta en Snapchat.

De la misma manera que muchas personas contratan los servicios de una prostituta porque desean compañía tanto como sexo, las personas que se suscriben a las cuentas de modelos en Snapchat buscan algo más que gratificación sexual.
Esta aplicación les permite contacto permanente con sus chicas favoritas. Kiozumi ofrece acceso de por vida a su cuenta personal por US$45.

De los 10 contenidos diarios que comparte en su red, solo la mitad tiene material explícito.

No es tan fácil

En palabras de Grant Blank, del Instituto de Internet de Oxford, Snapchat probablemente ofrece una conexión más personal que la vía tradicional por medio de una cámara de computadora.

Pero no es tan simple como suena.

Koizumi explica que para mantener una agenda que le permita producir contenido del show y tener dos días libres a la semana tiene que actuar como si se tratara de un trabajo a tiempo completo, porque actualizar las redes sociales no permite descanso o que te ausentes porque te sientas enferma.

“Desde que abrí la cuenta creo que no ha pasado un día sin que haya colocado un post”, señala.

Blue también pasa largas jornadas trabajando.

“Paso buena parte de mi día en Snapchat. Si no estoy colocando fotos o videos, estoy contestando los mensajes de mis seguidores, lo cual puede exigir bastante tiempo”, advierte.
Snapchat es la plataforma donde Blue vende más suscripciones, pero también utiliza Kik, otro servicio instantáneo de mensajería, e incluso su teléfono.

Trabajo rentable, pero ¿legal?

El éxito de estas trabajadoras sexuales en Internet ha sido tal, que ha despertado el interés de intermediarios, firmas administradoras que ofrecen servicios gerenciales para todos aquellos que se quieran dedicar a este negocio.

Una de estas compañías se llama SeeSnaps, ubicada en Reino Unido, la cual cuenta en su portafolio de clientes a unas 40 modelos que venden -desde la página de la empresa- acceso a sus cuentas en Snapchat.

SeeSnaps se queda con 20% del monto de la suscripción por la cuenta de la modelo, lo cual puede representar entre US$19,99 a US$37.

Vender acceso a cuentas de Snapchat sin la autorización escrita de esta compañía es técnicamente una violación de los términos de servicio de esta red social. Transmitir contenido pornográfico también lo es.

BBC Future le preguntó a Snap qué opinaba al respecto, y un vocero de la empresa se limitó a proporcionar unos enlaces a los lineamientos y términos de servicios que rigen a las comunidades vinculadas con la aplicación.

Ahí se establece que la cuenta puede ser eliminada si se determina que hubo una infracción de esos términos de uso.

La cuenta en Snapchat de Blue ha sido reportada y eliminada dos veces desde que la abrió en enero del 2015.

De hecho, muchas modelos consultadas para elaborar este artículo optaron por no participar, a fin de no despertar el interés de supervisores y autoridades que condujeran al cierre de sus cuentas.
A pesar de esto, trabajar al margen de la ley no es un tema desconocido para estas modelos, y muchas afirman que las autoridades deberían considerar que al no haber contacto físico, es una manera segura y sana en la que las trabajadoras sexuales pueden hacer dinero.

El futuro

Ya nada es inusual cuando hablamos de tener relaciones íntimas a través de la red.

Daniel Miller, de la Universidad de Londres, ha estudiado el impacto de las transmisiones a través de internet en las relaciones humanas, asumiendo que la interacción con otra persona utilizando una cámara de video puede ser tan íntima como un contacto cara a cara, o incluso más.

“Es totalmente posible que Snapchat permita cierta forma de intimidad que otros formatos no ofrecen”, advierte Miller.

En opinión de Blue, el sentido de intimidad es bidireccional.

“Disfruto el tener una conexión privada con uno de mis fanáticos, que nadie más puede ver o tener”, explica.

A ella le gusta saber qué está haciendo la personada que está conectada del otrolado, cuál es su apariencia física, en qué pasa el tiempo.

“Realmente me gusta que mis seguidores sepan que estoy aquí para ellos si quieren hablar de lo que pasó en sus días, o si me quieren enviar memes, o hablar sobre videojuegos o gatos”.

http://www.periodistadigital.com/america/sociedad/2017/01/05/las-trabajadoras-sexuales-que-venden-el-acceso-a-sus-vidas-privadas-a-traves-de-las-redes-sociales.shtml

 
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“Soy puta por elección. No quería trabajar 12 horas por 600 euros”

Valérie May forma parte de un movimiento en España que defiende el trabajo sexual por voluntad propia. “No quiero seguir en este sistema laboral”, añade. Natalia Ferrari soportó sólo tres días trabajar en un McDonald’s. “Debería haber empezado a prostituirme mucho antes”, se lamenta.

Valérie May tiene 28 años y se define como una escort alternativa.

Valérie May tiene 28 años y se define como una escort alternativa. Adriana Domínguez

 

La vida de Valérie May puede leerse a través de su cuerpo. Su brazo izquierdo lo ocupa, casi por completo, un enorme tatuaje con diferentes dibujos: un cerdo, tomates, una flor de loto… Representan todos ellos el vegetarianismo, régimen alimentario que sigue desde hace tiempo. La gran composición desemboca en un triángulo que se hizo cuando trabajaba como integradora social. Tiene otro tatuaje en las costillas que se hizo con su hermana con la palabra sisters.

En el escote lleva en tinta un cuadro del pintor Alfons Mucha que simboliza el feminismo. Su perro está en la pierna izquierda. En la barriga reposa una estrella japonesa que se hizo a los 17 años y que significa ‘esperanza’. El próximo que se hará será el de una pin-up con la palabra ‘empoderada’ en inglés. Lo hará en honor a su profesión: la de puta.

Valérie May es una de tantas mujeres que hay en España ejerciendo el trabajo sexual por voluntad propia. Putas y feministas que, como si fuese una alfombra, le han dado una sacudida a la palabra hasta hacer caer todos los estigmas que, igual que motas de polvo, viven aferradas a ella. Son mujeres que entienden que el feminismo implica tomar el control de sus propios cuerpos y que sea respetable. Que no glorifican su trabajo, pero que lo defienden por ser la mejor opción para ellas. Por ser su elección.

“La sociedad prefiere que seas camarera trabajando doce horas al día por 600 euros a trabajar en esto”, afirma Valérie May. Se define en su página web como una escort alternativa. Tiene el pelo verde y lleva los labios de color carmín. Se reparte el trabajo entre Tarragona y lo que le sale en Barcelona. Tiene 28 años y lleva algo más de seis meses prostituyéndose.

CASTING PARA ELEGIR CLIENTE

Su madre fue la primera persona en saberlo. Sabe que decidió ejercer esta labor sin esconderse. Sin dobles vidas. Pero muchos conocidos se extrañan. ¿Cómo decidió eso teniendo estudios y experiencia laboral? La respuesta para ella es fácil: “No quiero seguir formando parte de este sistema laboral”, explica.

La primera persona en saber que Valérie ejercía la prostitución fue su madre.

La primera persona en saber que Valérie ejercía la prostitución fue su madre. Adriana Domínguez

Y porque tiene dos dedos de frente, dice. “Una de las cosas que la gente piensa cuando te metes en esto es que te va a dar por el alcohol, las drogas, y que te vas a acostar con cualquiera. Y todo lo contrario. No he fumado en mi vida y escojo a mis clientes. Un masajista ofrece sus manos a cambio de una experiencia concreta. Pues lo mío es lo mismo. No vendo mi cuerpo porque eso es hacerte propiedad de algo. Y yo no me hago propiedad de nadie. Llego a casa con todas mis partes”, dice riéndose.

 
 

Valérie May hace una valoración previa antes de tener un encuentro con uno de sus clientes. Si no cree que vaya a conseguir una conexión desde el principio no queda con ellos. Por ejemplo, no acepta a hombres machistas ni a personas que se crean que están en una situación superior porque ella sea puta. Reconoce que tampoco estaría con un cazador.

Cuenta que con el primer cliente rompió el estigma. Era un chico más joven que ella. “Los clientes son personas completamente normales”, afirma.

Natalia Ferrari se define como vegana, bisexual, atea y antinatalista.

Natalia Ferrari se define como vegana, bisexual, atea y antinatalista. Mai Oltra

La asociación Aprosex ayuda a mujeres que, como Valérie, están iniciándose en la profesión. Una de esas mujeres es Shirley McLaren. Su nombre artístico recuerda al de Shirley MacLaine, la actriz de Irma la dulce. Pero ella recalca que no lo escogió por eso. Lo de Shirley es porque es fan de la cantante escocesa del grupo Garbage. El apellido es porque le apasiona el automovilismo. Y Ferraris ya había unas cuantas.

“Lo que ha pasado con la crisis es que muchas mujeres, al perder su trabajo y no tener problemas con tener sexo con desconocidos se han lanzado a esto. Pero, claro, sin guía. Y como cualquier faena, te tienes que estar reinventando, actualizando. Aprendiendo. El problema es que aquí, como todos follamos, la gente se cree que lo puede hacer bien. Hay gente que puede cocinar muy bien en su casa pero luego no puedes ser jefe de cocina. Aquí pasa lo mismo. Tienes que profesionalizarte, estás atenta a muchas cuestiones”, dice.

Shirley es una mujer transexual que lleva varios años viviendo en España. Nació en México. Allí estudió periodismo. Hace más de una década que ejerce la prostitución. Responde a los abolicionistas con determinación: “Nosotras somos las que tenemos la sartén por el mango. El discursito del abolicionista es que paga por nuestro cuerpo, así que el cliente puede hacer con nosotras lo que quiere. Eso es mentira. Y además es súper peligroso. Al repetirse esa conducta, acaba calando en todos los imaginarios: en las chicas que están empezando, que se acaban creyendo que pueden hacer con ellas lo que quieran; y con los clientes. ¿Las abolicionistas, entonces, nos protegen a nosotras o están protegiendo su modus vivendi?”, se pregunta.

Ferrari encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas

Ferrari encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas Mai Oltra

“Yo no podría trabajar en un matadero porque se me revolverían las tripas, como a otras mujeres se les pueden revolver al comerse la polla de un señor”, explica.

Shirley define a las prostitutas como “artistas del sexo”. “Cada relación no sale igual, es independiente. Es como si tuvieras un huipil (una prenda artesana mexicana). Cada una es diferente porque se hace a mano y es individual. Y eso tiene que tener un coste. No vendemos un producto de necesidad. Vendemos un producto de lujo”, dice. Y eso es algo que no todas las novatas tienen en cuenta a la hora de fijar los precios.

Sobre los clientes tampoco tiene nada malo que decir. Si son educados, limpios y no la regatean, todo está bien. Y si encima tienen buena conversación y le traen regalos, pues mejor. 

LA LUCHA POLÍTICA DE LAS ‘PUTAS INDIGNADAS’

Paula Ezquerra se considera una puta activista. Fue portavoz de la plataforma Putas Indignadas.

Paula Ezquerra se considera una puta activista. Fue portavoz de la plataforma Putas Indignadas. Cedida

Su lucha también va por la rama política. Ha intentado hablar y reunirse con diferentes políticos. Pero todavía no ha obtenido una respuesta clara. “Ciudadanos pide que seamos autónomas. ¿Pero por qué no podemos trabajar para terceros que paguen nuestra seguridad social como cualquier otra empresa? Simplemente porque trabajamos con los genitales”.

Explica que no consigue hablar con Alberto Garzón y que una vez charló cinco minutos con Íñigo Errejón, ambos de Unidos Podemos. Pero ninguno acaba por determinarse a su favor. “Los derechos humanos no se pueden debatir. Sabemos que hay cosas muy feas en nuestro trabajo, eso no lo vamos a negar. Pero igual que en otros sectores. Para hacer un móvil sabemos cómo se consigue el coltán. Pero nadie dice que hay que acabar con la minería o que hay que abolir la industria tecnológica. No. La única industria que dicen que hay que abolir porque hay trata y hay violación de los derechos humanos es la de la prostitución”, asegura.

Además de Aprosex, sólo en Barcelona hay otras tres organizaciones más que velan por los derechos de las trabajadoras sexuales: Putas Indignadas, Putas y Alianzas y la asociación Genera. Durante un tiempo, la portavoz de la primera fue Paula Ezquerra, para dar la cara –“que ellas dan la cara por sí solas, no me necesitan a mí, pero sobre todo ante medios de comunicación por la cuestión del estigma y de la familia”, dice-.

Ahora es portavoz de la asamblea general. Ha hablado con políticos, con organizaciones internacionales. También ha sido consejera de la CUP en el distrito de Ciutat Vella de Barcelona hasta finales de octubre de este año. “Llegué a un acuerdo porque me interesa más concentrar mi lucha en los derechos de las trabajadoras del sexo”, dice. En ese distrito está el barrio del Raval y su calle Robadors, donde se concentran numerosas trabajadoras sexuales.

Shirley es una mujer transexual que ejerce la prostitución desde hace más de una década.

Shirley es una mujer transexual que ejerce la prostitución desde hace más de una década. Adriana Domínguez

Así que Paula Ezquerra es “puta activista”. “O activista puta”. El tema es que lleva desde los 18 años ejerciendo. Ahora tiene 45. Nació en Buenos Aires, tiene doble nacionalidad y ha trabajado en muchas partes del mundo. Y para ella, lo mejor que le ha dado su trabajo es tener tiempo libre. Un beneficio que no habría conseguido con ningún otro empleo, según dice.

“Yo tengo una frase que es: el estigma puta atraviesa a todas las mujeres”, sostiene. “Nosotras nos reapropiamos de la palabra puta, pero creo que todas las mujeres nos la debemos apropiar porque es una manera en la que los hombres nos controlan”. Porque Ezquerra estira el discurso a todas las mujeres, no sólo a las trabajadoras sexuales. “Si tenemos un mayor control sobre nuestro cuerpo y no permitimos que nadie nos diga cómo hacer, o cómo ser o disponer de nuestro cuerpo, de nuestra sexualidad, sensualidad, del erotismo, sin esa mirada acusatoria del patriarcado y del machismo, la sociedad hará un avance impresionante”, dice.

Paula Ezquerra lamenta lo que llaman la “santificación de sus vaginas” y la moralidad impuesta. También que sean expuestas siempre como víctimas, cuando no son vulnerables, sino “vulneradas”.

“DEBERÍA HABER EMPEZADO A PROSTITUIRME ANTES”

Otra de las mujeres que más ha defendido su trabajo como puta en medios de comunicación durante este último año ha sido Natalia Ferrari. Ella, al contrario que otras muchas mujeres, no sólo ha hecho pública su cara. También su nombre.

Cuando comenzó a tomar decisiones sobre cómo iba a trabajar, tenía asumido que debía ponerse un nombre artístico al ver que era lo que todas hacían. “Pero según construía mi discurso y tenía claro que quería trabajar contra el estigma, me di cuenta de que no tenía coherencia para mí ocultarme o separar mi identidad de mi trabajo. Creo que hacerlo es una opción legítima y, teniendo en cuenta que las prostitutas vivimos una discriminación similar a los homosexuales hace 50 o 60 años, en muchos casos el anonimato es más que necesario para nuestra seguridad”, dice.

Y añade: “Muchas compañeras viven con miedo de que en su otro trabajo se enteren y las echen, o sus familias dejen de hablarles, o ya no quieran contratarlas o se nieguen a alquilarles pisos. Sentí que usar mi nombre real y enseñar mi cara no iba a afectarme tanto, pero sí podía marcar una diferencia en otras. Para que se nos vea como personas que hemos decidido este trabajo, que no queremos vivir marginadas y que nos merecemos respeto”.

Natalia Ferrari se define como una mujer “bastante peculiar”. Es vegana, bisexual, atea, antinatalista y sólo practica relaciones abiertas. Dejó el instituto a los 13 años.

Antes de trabajar como meretriz había probado con otros trabajos. “Soportó” estar en un McDonald’s durante tres días y no aguantó más. Lo siguiente fueron otros dos días trabajando como teleoperadora. También estuvo un par de años como vigilante de seguridad y en el servicio de atención al público en un museo. Alguna temporada la pasaba a tiempo completo de voluntaria en una ONG en defensa de los derechos de los animales.

Cuenta que estaba muy cansada de su trabajo, que se veía a sí misma estancada con 30 o 40 años en un empleo precario que no le aportaba nada en el desarrollo personal. Así que entró en pánico. Decidió dejarlo y buscar alternativas. Encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas. 

“La primera vez tenía miedo, por un momento me creí el cuento de que los hombres que pagan son monstruos y que el papel de la puta es el de ser una mujer sumisa. Pero la realidad es que la cita fue incluso más agradable que otras en las que no ha habido dinero de por medio. Tuve la sensación de que debería haber empezado a prostituirme mucho antes”. 

Una manifestación de la plataforma Putas Indignadas, de la que Paula Ezquerra (derecha) fue portavoz.

Una manifestación de la plataforma Putas Indignadas, de la que Paula Ezquerra (derecha) fue portavoz. Cedida

http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20161201/174983263_0.html

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“Soy prostituta y feminista”

Ofrecen servicios sexuales y no se sienten explotadas. Es su (polémica) lucha por la igualdad de género. Aquí dan la cara.

Fotografía por Michelle Gentile

Natalia no es de este mundo, como tampoco lo son los unicornios, las hadas y los trasgos. Para una buena parte de la población es imposible que exista una mujer así: que se prostituya por elección propia, sin presiones de ningún hombre, y con cierta pasión por su profesión. Pero lo que ya la convierte en una rareza absoluta para muchos es que, además, se considere una feminista. Una prostituta feminista, o lo que es lo mismo, alguien que lucha por la igualdad entre el sexo masculino y femenino y un justo reparto de roles.

¿Pero es posible? Por supuesto, porque Natalia, María o Amanda no son excepciones, ni son pocas, ni están carentes de opinión. Quieren que su voz se escuche. Son mujeres de carne y hueso. De carne y hueso que, según ellas, no está a la venta. «Nosotras no vendemos nuestro cuerpo, sólo ofrecemos un servicio sexual. Y punto», afirma Natalia Ferrari, una de las chicas más activas, sobre todo en las redes sociales, por la defensa de su libertad de elección y de su profesión: «La prostitución, cuando funciona con condiciones éticas, te ofrece pasar un buen rato con alguien que quiere estar contigo, con un pacto muy claro de lo que va a suceder en la cita y sin que haya complicaciones para ninguna de las partes», dice. A diferencia de la gran mayoría de mujeres y hombres que se dedican a este mundo, ella ha decidido dar la cara (literalmente) en esta lucha.

María Riot es otra de las prostitutas que mezclan su actividad con el activismo. Y tampoco oculta su rostro. «Sí, me considero una puta feminista. Veo a una parte del feminismo como una herramienta muy poderosa de empoderamiento. Nosotras nos creamos nuestro propio feminismo, el de las prostitutas, el más básico y necesario: el de poder hacer de nuestro cuerpo lo que queremos y luchar porque ninguna mujer le diga a otra lo que tiene que hacer con su cuerpo o sus genitales». María es también actriz de cine X, otro de los contextos donde los clichés machistas son más pronunciados: «Nosotras no vendemos nuestro cuerpo, primero porque es nuestro y no se puede vender, y segundo porque nuestra profesión no es otra cosa que ofrecer sexo a cambio de dinero».

¿Tiene sentido la lucha feminista en la prostitución? Probablemente más que en ningún otro ámbito, ya que puede tratarse de una de las trincheras más misóginas de la sociedad, un terreno de juego demasiado propicio para la cosificación de la mujer y su sumisión a los deseos masculinos. Pero el coste personal de esa pelea es elevado, así como el estigma. Y el problema es que los ataques (al menos los más dolorosos) no vienen casi nunca de los hombres, sino de las mujeres, de aquéllas que se consideran, como ellas, feministas: son las que, según la opinión mayoritaria en este movimiento, defienden que la prostitución es el hija del patriarcado y las prostitutas, mujeres sin escapatoria.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, presentó hace dos meses una guía destinada a medios de comunicación en la que recomendaba cambiar términos como prostituta o trabajadora sexual por «mujer en situación de prostitución», o clientes por «prostituidores» o «puteros». El problema es que la publicación no distinguía entre las mujeres que libremente quieren dedicarse a este trabajo y las víctimas de la trata, una de las peores lacras de nuestra sociedad.

En realidad, nadie sabe con certeza qué porcentaje de las meretrices ejercen por obligación y cuáles por elección. En 2010, Naciones Unidas calculó que una de cada siete mujeres prostitutas en Europa eran víctimas de trata. ¿Pero qué sucede con las seis restantes? Para esta guía del Ayuntamiento de Madrid son, de nuevo, como los unicornios. No existen. Pero hablamos de una de las grandes industrias del planeta, con más de 40 millones de mujeres y hombres que ejercen este oficio.

La primera vez. «Decidí dedicarme a la prostitución hace cuatro años», cuenta Ferrari. «Mi trabajo en un museo no aportaba nada a mi desarrollo personal, por lo que decidí dejarlo y buscar alternativas. Y me di cuenta de que el sistema laboral sólo me ofrecía más de lo mismo. No recuerdo muy bien cómo o por qué empecé a considerar la prostitución. Hablando sobre esto una amiga me confesó que era prostituta desde hacía un año. Tener su apoyo y escuchar su experiencia me reafirmó en que esté podría ser un trabajo muy empoderador. Eso y mi necesidad de pagar el alquiler me hizo decidirme. Como apunte diré que la primera vez sentí que tendría que haber empezado a trabajar como prostituta mucho antes».

María Riot tiene una historia paralela. Y una opinión similar: «Desearía haberme dado cuenta antes de que podía ser trabajadora sexual, en vez de pasar años como cajera de supermercado o en locales de ropa, teniendo que soportar jefes, cumpliendo horarios y haciendo tareas insalubres como estar parada sin descanso durante ocho horas seguidas».

Amanda Carvajal es una escort de lujo madrileña. No se considera feminista ni activista, pero lleva igual de mal las acusaciones de otras mujeres: «No conozco un trato más justo e igualitario que el que hay entre una prostituta y un cliente», argumenta. «Yo decido cuánto cobro, la duración de las citas y qué se hace y no en ellas. El cliente acepta y, si no le gustan las condiciones, simplemente el encuentro no se produce. Eso para mí es igualdad de género, pues es un acuerdo en el que tanto él como yo salimos ganando. Y mucho. Incluso, me atrevería decir que yo me siento más beneficiada que ellos, pues el increíble crecimiento personal que he experimentado gracias a mis clientes durante todos estos años es incalculable».

Varias asociaciones de profesionales del sexo, como Aprosex, Hetaira, Genera, Cats y Prostitutas Indignadas llevan tiempo defendiendo los derechos de este colectivo, la despenalización y la diferenciación clara con las redes de trata. «Me han criticado mucho por dar la cara y decir que me gusta mi trabajo y que es una opción laboral legítima», dice Natalia Ferrari. «Parece que si eres una prostituta empoderada no tienes derecho a manifestarte. Si eres una víctima, además, no tienes la capacidad de hacerlo y ya ellas lo hacen por ti».

María Riot se siente cansada del fuego amigo y «de las repartidoras de carnets de feministas». «Lamentablemente he recibido más críticas de mujeres que de cualquier otro grupo. También he visto las mismas etiquetas destinadas a alguna directora de porno con la que he trabajado». Riot se refiere a Erika Lust, autora de cintas que apuestan por una mirada femenina donde la mujer no es utilizada como un objeto sexual, toma la iniciativa y explora sus propios placeres: «Como directora de cine adulto, siempre he fomentado una serie de valores feministas delante y detrás de la cámara. Es decir, que no sólo hago películas donde el placer femenino importa y la representación de las relaciones sexuales es realista, igualitaria y respetuosa, sino que el proceso de producción es ético y fomenta la participación de mujeres en cualquier puesto de trabajo. Mi equipo está compuesto en un 90% por mujeres, desde la operadora de cámara, la ayudante de producción hasta la sonidista», dice una de las pocas cineastas de celuloide X para adultos. «Las mujeres también tenemos derecho a representar nuestra visión de la sexualidad. Muchas veces me dicen que es contradictoria con los valores feministas, pero nada más lejos de la verdad. Disfrutar del sexo explícito en pantalla no es algo intrínsecamente masculino. Creo que nos equivocamos cuando atacamos e insultamos a otras mujeres porque no coincidimos en algo, cuando en realidad podríamos hacer críticas constructivas y ayudarnos entre nosotras para poder debatir y repensar nuestro lugar».

Aunque la verdadera diana del feminismo más ortodoxo es la actriz porno Amarna Miller: «la feminista favorita de los machistas», según la define una de sus detractoras. La intérprete, poeta, escritora, fotógrafa y musa de Podemos está acostumbrada a recibir insultos de odiadoras de redes sociales, pero ella sigue dando la cara: «Dedicarte al trabajo sexual en una sociedad mayoritariamente machista es complejo y te hace enfrentarte a muchos estereotipos», comenta en el descanso de su último filme. «Es muy fácil teorizar sobre el trabajo sexual cuando nunca has estado en un set de rodaje, pero no tanto dar la cara cuando eres tú misma la que se enfrenta al estigma todos los días».

Vídeo polémico. Miller ha estado en la picota desde que protagonizó un polémico vídeo promocional del Festival Erótico de Barcelona donde denunciaba la hipocresía de la sociedad española: «Muchísimas de nosotras somos mujeres empoderadas que nos dedicamos a esto porque queremos. Hay sectores abolicionistas que no conciben que el trabajo sexual pueda ser una forma de empoderamiento femenino, mientras otras ramas del feminismo nos plantean que el trabajo sexual es una forma de recuperar el control sobre nuestro propio cuerpo y nuestra sexualidad».

Les molesta además el «acoso» a los clientes, que no deben pagar, según ellas, la persecución a la que se somete «desde el Estado» a las trabajadoras sexuales. «El problema de las leyes que persiguen a los clientes como si fueran criminales no es únicamente que los estigmatizan: es que nos hacen vulnerables a la violencia a nosotras», denuncia Natalia Ferrari. «El riesgo de multas hace que las profesionales trabajen en zonas más apartadas e inseguras. Muchas tienen que bajar tarifas, hacer prácticas sexuales que no quieren, o aceptar que les negocien el uso del condón. Si un cliente tiene miedo, no querrá darme su nombre real ni su número de teléfono y eso me pone en peligro porque dificulta mis medidas de seguridad. Está demostrado que perseguir la demanda no sirve para proteger a las mujeres, y fuerza a las putas a trabajar en condiciones lamentables, dándole poder a los agresores».

Además, no comparten la denominación prostituidor, ya que entienden que son ellas quienes toman la decisión de prostituirse, y no ellos. «La gente que contrata estos servicios busca disfrutar, sentirse bien, comprendido, respetado y poder desconectar», afirma Ferrari. María Riot añade que «es básicamente un intercambio económico por un servicio sexual, que muchas veces es más psicológico que físico y que muchas personas necesitan o desean. Es un trabajo que disfruto mucho y que me da muchas satisfacciones. Hoy en día no podría imaginarme trabajando de otra cosa».

La mayoría de estas chicas salen y entran en el trabajo sexual dependiendo de su situación personal o económica del momento. «Desde que empecé a trabajar, he dejado la prostitución varias veces», cuenta Ferrari. «Lo hago por desconectar o porque no es compatible con los proyectos de vida que tengo en ese momento. Una de las ventajas de ser prostituta es que puedes dejarlo y volver cuando quieras. Y siempre tendrás trabajo. No pienso en dejarlo a largo plazo, sé que cuando lo considere conveniente podré hacerlo y que también podré volver cuando me dé la gana».

http://www.elmundo.es/papel/historias/2016/11/30/583c18dcca4741ed098b4601.html

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España, destino de turismo sexual

La falta de legislación, la gran oferta de prostitutas, prostíbulos y webs que ofrecen chicas sitúan a España en el tercer lugar preferido para buscar sexo

Prostitución en la calle Montera JAVIER BARBANCHO

  • IRENE HDEZ. VELASCO

Existe un país en el que, según cálculos de su Gobierno, ejercen como prostitutas unas 45.000 mujeres, aunque hay expertos que estiman que la cifra real podría ser mucho mayor. Donde cientos y cientos de puticlubs y locales de sexo de pago salpican su geografía, algunos de ellos tan enormes que son como parques temáticos en los que prestan servicios sexuales hasta 200 mujeres.

En ese país, la oferta de prostitutas es tan amplia que no sólo se puede elegir entre búlgaras, rumanas, dominicanas, rusas, brasileñas o nigerianas, por citar algunas nacionalidades, sino que los precios son extremadamente competitivos. Por cinco euros, lo que cuesta un par de docenas de huevos, le pueden hacer a uno sexo oral. Y por 60 euros, un completo en una habitación de hotel con sábanas limpias y luces psicodélicas. Según el Instituto Nacional de Estadística de ese país, la prostitución representa el 0,35% del total de su Producto Interior Bruto. Es una de las inversiones más rentables, hasta el punto de que según su Ministerio del Interior genera unos cinco millones de euros al día.

Ese país tiene, además, una legislación sobre prostitución extremadamente laxaen la que en ningún caso se persigue ni condena a quien paga por sexo ni a los locales donde tiene lugar el mismo. Y una cultura social en la que no suele estar mal visto ir a un burdel. Ese país goza de buen clima, playas maravillosas y gente amable. Por todo eso, es uno de los principales destinos de turismo sexual del mundo y a él acuden cada año hordas de personas atraídas por su amplia red de mujeres en prostitución y sus más de 1.500 burdeles, según estimaciones de la Policía.

¿Camboya? ¿Tailandia? No.

¿República Dominicana? ¿Brasil?

Frío, frío. Ese país es España.

España se ha convertido en una de las principales metas de quienes viajan en busca de sexo de pago. Está, y bastante arriba, en la lista de los 10 países más populares para el turismo sexual, junto a destinos clásicos como Tailandia, Brasil, Indonesia, Colombia, Camboya, Kenia, Filipinas, República Dominicana u Holanda. La mayoría de las clasificaciones ya sitúan a España en la tercera posición. “Y algunas incluso en la segunda”, advierte Asunción Miura, representante de la Comisión para la investigación de malos tratos a mujeres y de la Coalición internacional Contra el Tráfico de Mujeres.

“Por supuesto que hay turismo sexual en España, sin duda. Los propios cuerpos de Seguridad del Estado nos lo han confirmado. Sólo hay que ver cómo la mayoría de los clubes de alterne se concentra en las zonas turísticas. En Andalucía, el grueso de burdeles se agrupa en las provincias costeras, no en las del interior. Y en temporada alta, Canarias y Mallorca se llenan de mujeres que ejercen la prostitución y que, en cuanto acaba el periodo turístico, son trasladadas por las mafias a otros lugares”, sostiene Jorge Uroz Olivares, profesor del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad de Comillas y, quien hace dos años, realizó junto a su equipo un estudio sobre prostitución y trata de mujeres para el Ministerio del Interior que ahora está ampliando. “Hasta existen agencias de viajes extranjeras que publicitan España como destino de turismo sexual. Al paso que vamos nos convertiremos en la Tailandia de Europa”.

Foros y ránkings de burdeles en Internet

Internet está repleto de páginas que recomiendan España a todo el que esté interesado en sexo de pago. “España se está convirtiendo en uno de los destinos de turismo sexual más populares del mundo”, subraya la llamada wikisexguide, una web con pretensiones de ser una Wikipedia del sexo, al tiempo que explica algunos atractivos patrios: “La prostitución es como si fuera legal en España, existe un vacío legal. Las trabajadoras sexuales no están penalizadas, mientras que los proxenetas sí. El 90% de las prostitutas son inmigrantes ilegales (muchas procedentes de América del Sur) e introducidas en España a través del tráfico ilegal de seres humanos, lo que deja a muchas en un limbo legal”, destaca.

“España es el país número uno de Europa en turismo sexual, habiéndole tomado la delantera a Ámsterdam. La prostitución es completamente legal, así que montones de colegas acuden allí cada año”, dicen en la web de ocioladsholidayguide.

Hay hasta foros donde los usuarios dan su opinión sobre burdeles. Una especie deTripadvisor que, en lugar de calificar hoteles y restaurantes, valora y puntúa la calidad de los burdeles y sus mujeres (procedencia, características físicas, servicios sexuales…). “Es como un burdel de lujo. Llamas, entras y te da la bienvenida una madam que te ofrece bebida. Luego hace entrar una selección de mujeres jóvenes. Su aspecto varía de medio (6-7) a guapas/sexy (9). Tras elegir a una chica te retiras al dormitorio y acuerdas el precio con ella (media hora, 60 euros; 1 hora, 120 euros). Mientras ella va a por sábanas limpias, tú te puedes duchar. Todo está limpio y ordenado. Las chicas suelen ser simpáticas. Merece la pena una visita”. Según este usuario, “es el mejor de Valencia”. Es la valoración que un talPirateHasLanded hace de EvenOnce, un conocido puticlub de Valencia. “Sí, casi la mitad de nuestro clientes son extranjeros. Algunos vienen en grupo, otros solos. Hay de todo”, nos confirma una empleada de ese local.

En Flowers, un burdel en la autovía Madrid-A Coruña, es frecuente ver extranjeros. Hace unos días vimos allí a un grupo de orientales que había aprovechado un viaje de negocios a la capital española para probar también sus reputados burdeles.

La gran oferta de mujeres en prostitución y lo baratos que son sus servicios son indicados reiteradamente como puntos fuertes de España. Según el listado de precios que incluye la wikisex, por 35 dólares (30 euros) se puede obtener un servicio sexual de una prostituta negra en Madrid.

“Tiene todo el sentido que España sea uno de los mayores destinos del mundo de turismo sexual. Y no me extrañaría que fuera el número uno en turismo de burdeles. Tenemos los dos principales ingredientes: somos un país con una gran oferta de mujeres en situación de prostitución y locales de pago por sexo y uno de los países del mundo que más turistas recibe. Tenemos las dos cosas necesarias: muchísimos potenciales prostituidores -varones que pagan por sexo- y una oferta variada de prostitución”, sostiene María José Barahona, profesora de Trabajo Social en la Universidad Complutense y autora de varios estudios sobre prostitución.

Sin castigo en España

España cuenta con una legislación muy permisiva, que únicamente castiga al proxeneta y sólo en los pocos casos en que se demuestra que lo es. En Suecia o Noruega el cliente es perseguido y corre riesgo de cárcel.

“Tenemos una red gigantesca de burdeles, unos 1.500, a los que sumar montones de pisos privados que ocultan mujeres que ejercen la prostitución y que se publicitan en anuncios de contactos u octavillas por la calle. La oferta es enorme y, como la prostitución no está prohibida ni penada ni quienes pagan por sexo están perseguidos, España es un destino atractivo para el turismo sexual. Por haber hay hasta menores, no es necesario viajar a Tailandia, están aquí. La prostitución mueve más dinero en España que el tráfico de drogas”, subraya Uroz Olivares.

El municipio catalán de La Junquera, fronterizo con Francia, está inundado de puticlubs y macroburdeles como Paradise, que con sus 200 mujeres como oferta, lleva a gala ser el más grande de Europa. Y otro tanto sucede en zonas lindantes con Portugal. Incluso el Plan de Acción para la Erradicación de la Trata, la Prostitución y otras formas de Explotación Sexual (2010-2015) realizado por el Ayuntamiento de Sevilla sostiene que en esa ciudad “hallamos todas las variantes posibles de la prostitución”, incluyendo entre las nuevas formas el “turismo sexual”.

“No tenemos constancia de que existan paquetes turísticos sexuales con destino a España, pero sí la sospecha de que podría haberlos. Y si aún no los hay, al paso que vamos no tardará mucho en haberlos, encontrándonos como nos encontramos dentro de las rutas de turismo de burdel”, pronostica Barahona.

http://www.elmundo.es/sociedad/2016/10/13/57fe88b2e5fdea63208b4583.html

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Amnistía Internacional denuncia que prohibir la prostitución daña a las mujeres

Amnistía Internacional denuncia que prohibir la prostitución daña a las mujeres

La organización documenta violaciones, agresiones y extorsión por parte de clientes y la policía

FELIPE SÁNCHEZ

Prohibir la prostitución, penalizar su demanda o las actividades conexas —como el alquiler de locales para su ejercicio— hacen más vulnerables a las trabajadoras sexuales, según un informe que publica este jueves la ONG Amnistía Internacional. La investigación, dividida en cuatro documentos relativos a Argentina, Noruega, Hong Kong y Papúa Nueva Guinea, concluye que castigar la actividad “refuerza la marginación, el estigma y la discriminación y puede negar a las personas que se dedican al trabajo sexual el acceso a la justicia”.

Dos agentes interrogan a una prostituta y a un cliente durante una operación policial en París en marzo de 2012.

prohibir la prostitución

Dos agentes interrogan a una prostituta y a un cliente durante una operación policial en París en marzo de 2012. THOMAS SAMSON AFP

El estudio documenta con casos las violaciones, ataques, amenazas y extorsión que sufren las prostitutas. Desde Papúa Nueva Guinea a Argentina, Hong Kong y Noruega, los investigadores han encontrado numerosos casos de personas que ejercen la prostitución que sufren abosos físicos y sexuales por parte de sus clientes y de la policía.

Las cifras de Papúa Nueva Guinea, un país de 7,3 millones de habitantes al norte de Australia, y donde la prostitución es ilegal, dan cuenta de los riesgos de las trabajadoras con un modelo prohibicionista. Entre un grupo de 593 personas dedicadas a la prostitución en Puerto Moresby, la capital papú, el 50% fue víctima de violaciones de clientes o policías en un periodo de seis meses, según un estudio académico de 2010 que cita AI.

El modelo abolicionista o nórdico, al que Francia acaba de sumarse, tampoco garantiza la seguridad de las prostitutas, de acuerdo con la ONG. Una parte considerable de las mujeres consultadas para el informe en Noruega —que prohíbe pagar por sexo, aunque no persigue a quien lo ofrece— aseguró que trabajar con otros puede hacer más segura la actividad. Sin embargo, la policía puede considerar este trabajo conjunto como “prostitución organizada”. El miedo de los clientes en ese país por la posibilidad de una detención y el creciente uso de casas particulares para el servicio aumenta el riesgo de las agresiones, expone la investigación. “Es más peligroso ir a la casa del cliente. Fui a la de uno. Me dio dos puñetazos en la cara. No lo denuncié a la policía. No quiero que figure en mi historial”, relató a AI una trabajadora.

La defensa de la legalización por parte de la ONG generó una fuerte polémica el año pasado. Más de 400 organizaciones dirigieron a Amnistía Internacional una carta, que firmaron actrices de Hollywood como Meryl Streep, Kate Winslet y Anne Hathaway, para pedirle que reconsiderara su campaña por la despenalización. El documento argumentaba que descriminalizar la demanda del sexo por dinero ponía en desventaja a las mujeres que lo ofrecían y que las convertía en “objeto de consumo para hombres y de ganancias para proxenetas, propietarios de burdeles y traficantes”. La organización defiende solo el “trabajo sexual consentido entre adultos” e insta a los gobiernos a perseguir la trata de personas, la explotación y la prostitución infantil.

La ONG cita un estudio oficial elaborado en Nueva Zelanda, que despenalizó la prostitución en 2003, que reveló que tras la legalización, el 70% de las trabajadoras estaban más dispuestas a denunciar los abusos en su contra.

“[El cliente] me pagó y estaba a punto de bajarme del auto cuando me agarró del cuello y me cortó con un cuchillo. Le di todo el dinero que tenía y mi teléfono celular, y me dejó ir”, refirió una trabajadora argentina a AI. “No me van a escuchar, porque soy trabajadora de la calle”, justificó la víctima sobre la inutilidad de una posible denuncia de la agresión. El informe insiste en que, aunque en Argentina no son ilegales ni la oferta ni la demanda de servicios sexuales, las trabajadoras precisan de una legislación que proteja sus derechos.

También se ha detectado un gran número de abusos en Hong Kong, donde no se penaliza el oficio pero sí los burdeles. El trabajo aislado hace más vulnerables a las mujeres que ejercen el oficio, objetos constantes de violaciones, extorsiones y coacción, según los testimonios recogidos en la investigación.

http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/25/actualidad/1464193965_020273.html

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OS HABÉIS PASADO

Estos días nos llegó la noticia del último despropósito del sector abolicionista alemán que consistía en publicar en la web las direcciones privadas de cientos de trabajadoras sexuales de ese país sin su consentimiento.

¿De verdad piensan que con estas acciones van a proteger a las mujeres como tanto proclaman? ¿Cómo coño se entiende eso?

Nosotras NO le damos nuestra dirección privada a todo el mundo, lo hacemos cuando el cliente ya ha pasado ciertos filtros que nosotras mismas establecemos, pero vosotras, lo habéis hecho sin nuestro permiso y saltándose todos los filtros que nosotras establecemos. Entre ellos no comparten nuestras direcciones privadas, porque, al contrario de lo que ustedes han hecho, nos suelen cuidar mucho, pésele a quien le pese.

Habéis puesto a cientos de trabajadoras sexuales en peligro real, irónicamente en ese peligro del que “queréis salvarnos” ¿En qué cabeza cabe? No puedo concebir que una mujer ponga en peligro a posta a otra y se diga feminista.

Decís que respetais las leyes, pero con tal de mantener vuestro statu quo, las habéis quebrantado, para vosotras todo vale, nos habéis llamado proxenetas, nos habéis llamado depósitos de semen y nos habéis puesto en grave peligro y no lo vamos a tolerar más.

Las caretas se han caído, espero que el movimiento feminista tome nota de esta acción y se den cuenta de la clase de gentuza que sois, que en mi opinión no sois mas que aliadas del patriarcado.

http://www.aprosex.org/os-habeis-pasado/

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PROSTITUCIÓN: EMPODERAMIENTO Y FORMACIÓN BÁSICA PARA NUEVAS PROFESIONALES

PROSTITUCIÓN: EMPODERAMIENTO Y FORMACIÓN BÁSICA PARA NUEVAS PROFESIONALES

 

Regresamos en APROSEX con la 5ª Edición de los Cursos de Profesionalización y Empoderamiento para Nuevas Trabajadoras Sexuales.

Como en ediciones anteriores, el curso está abierto a mujeres y hombres, cis y trans. Porque en APROSEX creemos que la enseñanza del trabajo sexual debe poder llegar a cualquier persona que lo precise.

Nadie nace sabiendo un idioma, ni propio ni extranjero. Tampoco sabemos hacer un cocido como el de mamá, ni nos manejamos bien con las hojas de Excel.

Quizá lo peor de nuestra sociedad actual, donde está tan estigmatizado todavía ser puta por elección propia, sea la hipocresía de pretender que el trabajo sexual se aprende por generación espontánea.

Sin embargo, nadie nos enseña a amar y por supuesto, nadie nos enseña a practicar sexo. ¿Por qué regla de tres, entonces, deberíamos las putas saber ejercer una profesión tan compleja y donde se trabaja con elementos tan importantes como el sexo-afecto?

 

the-darkness

 

RESUMEN DEL TEMARIO:

-¿Por qué quiero dedicarme a la prostitución?

-Insistiendo…¿De verdad deseo ser prostituta?

-¿Pensaste en los inconvenientes?

-Me siento preparada para ejercer esta profesión?

-Pequeños y no “tan pequeños” Trucos sobre Sexo

-Introducción al Estigma Puta y sus consecuencias anímicas

-La Profesionalización de las Trabajadoras del Sexo

-Hacienda y Seguridad Social

-Márketing para Trabajadoras Sexuales

¿Cuándo?

SÁBADO 28 de mayo  DE 09.30h. a 13.30h.

¿Cuánto?

90 €uros

El pago se efectuará mediante ingreso o transferencia bancaria, tras confirmar asistencia a

formacion@aprosex.org

Efectúa el pago en efectivo en cualquiera de los cajeros de LaCaixa (más discreto)  2100- 3043- 45-  22.00.49.65.28

o en ventanilla o incluso por transferencia bancaria (aunque te cobrarán comisiones).

Haz una foto del ingreso o escanéalo y mándalo con tu nombre (real o ficticio) a formación@aprosex.org

Una vez más y por motivos puramente de discreción y pensando en la intimidad de todas las personas que acudirán al curso, no daremos la dirección hasta el día anterior. Se comunicará por mail a todas las personas que, previamente, hayan efectuado el ingreso correspondiente.

Equipo de APROSEXISTAS

http://www.aprosex.org/prostitucion-empoderamiento-y-formacion-basica-para-nuevas-profesionales-2/

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